Incultura y libros

Juan Domingo Argüelles - Martes, 21 de Mayo de 2013 07:49

 

 

 

 

 

1. Desde que el tema de la lectura se volvió moda, todo se echó a perder. Hoy hablan de 'la necesidad de leer' hasta los que no leen ni piensan hacerlo. El resultado es que el negocio de publicar cualquier cosa se ennobleció. Basta que algo tenga la forma de un libro para que cobre importancia insospechada. ¡Es que se trata de un libro! Bueno, sí, ¿y qué? Mi lucha, de Hitler, también es un libro. El propósito es vender. Y hay millones de cosas que nunca nadie debió publicar y que no había ninguna necesidad de leer. Las ferias de libros están llenas de zoquetes que publican y firman libros que ni siquiera han escrito (porque tienen 'asistentes' que se los escriben), y las figuras más conspicuas en los pasillos de las ferias son los locutores de la tele y la radio que de pronto descubrieron que los libros son cosas maravillosas para barnizarse de cultura. Como 'el libro es cultura', cualquier excreción puede publicarse hoy, y, además, venderse muy bien.

 

2. Ya se ha hecho habitual que los escritores presuman cosas 'de excepción' como las siguientes: Fulano fue el único poeta que representó a México en Bora Bora y que leyó sus poemas ante el rajá de Uruburu. O bien: es el único escritor mexicano traducido al urdu e incluido en la Antología de poetas por la paz del mundo universal, como parte del Festival Mundial de Poetas Contra la Guerra celebrado en Bosnia-Herzegovina. Bueno, sí, ¿y qué? Aun si fuera cierto, ¿qué? Lo gracioso no sólo es la seriedad con la que se estampan estos datos ridículos en el currículum, sino que lo central del asunto es que se trata, siempre, de ser 'el único': si hay 2, ya no es tanto el mérito; si hay 3, ya son multitud, aunque de todos modos nadie se haya enterado en Sarajevo o en Bora Bora que por ahí andaba 'el único' repartiendo poemas y abrazos.

 

3. En materia de crítica y apreciación literaria, lo que abunda (además del ninguneo) es la hipocresía. Si te dicen que tu libro es uno de los mejores en su género, tienes que ser muy lerdo para creer que eso es un elogio. Más bien, pregúntate sensatamente: ¿uno de los mejores comparados con qué o con cuáles? Si el reseñista escribe que tu libro es el mejor que ha leído en el año o en el semestre o en el lustro, ya tienes buenas razones para sospechar de que ese reseñista no ha leído -en todo ese tiempo- ningún otro libro que no fuera el tuyo. Ahora bien, si, por el contrario, nadie te regala elogios tan categóricos y, a cambio, te sientes incomprendido, no te creas un Kafka. Kafka sólo hay uno y es la excepción entre las excepciones. No hay genios olvidados o ignorados en ningún rincón del planeta. Si Kafka ha llegado hasta a nosotros es porque no podía perderse. Salvador Novo, que no acostumbraba regalar elogios categóricos, lo dijo para siempre, al menos en México: "Un escritor genial, un gran poeta,/ desde los tiempos del señor Madero/ es tanto como hacerse la puñeta". Desde hace más de 40 años (que son los que llevo leyendo reseñas), todos los libros que recibieron elogios categóricos están olvidados: nadie se acuerda de ellos, con excepción de Cien años de soledad, de García Márquez. Y conste que Pedro Páramo, la más extraordinaria novela que se haya escrito en México, no gozó, en su recepción, de elogios categóricos. En cambio, de cuántos libros mediocres y pésimos (de los que ya nadie se acuerda) se escribió que "constituyen una aportación fundamental a la literatura mexicana". ¡Ajúa!

 

4. Acerca de una novela de la que un amigo me habló maravillas y me insistió hasta lograr que la comprara y la leyera, le digo (cuando me pregunta qué me pareció): "No había depositado en ella demasiadas expectativas, pero tampoco tan demasiadamente pocas. Leerla fue mi castigo".

 

5. En el asunto de la promoción de la lectura puedo afirmar que he comprobado la eficacia del 'mediador desinteresado', que es aquel que te lleva a los libros sin ningún propósito instrumental o positivista, como por descuido, como por accidente, con el puro contagio de su entusiasmo. En el bachillerato tuve un profesor así. Impartía la materia de 'probabilidad y estadística' y conversaba conmigo acerca de Vargas Llosa, García Márquez, Borges, Rulfo. Nunca tuve un mejor interlocutor sobre la lectura.

 

6. Hay intelectuales y escritores critiquísimos del sistema que, sin embargo, viven en una opulencia ofensiva. A los intelectuales y a los escritores 'progresistas' les ha dado por pensar que merecen vivir como magnates sin que caigan en contradicción ninguna.

 

7. '¿Qué opinión tiene de Fulano?', me pregunta el reportero. Le respondo: "La mejor opinión que puedo tener de alguien a quien, afortunadamente, no he leído".

 

 

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