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Juan Domingo Argüelles - Martes, 30 de Abril de 2013 08:06
1. En su delicioso y evocador Evaristo Carriego (es el nombre de un popular poeta argentino y, también, el título del libro), Borges, el bromista, el irónico, el sarcástico incurable, hace un chiste devastador acerca del título de un libraco del abuelo de Carriego. Escribe Borges, sonriente, y al desgaire: "Carriego era entrerriano, de Paraná. Fue abuelo suyo el doctor Evaristo Carriego, escritor de ese libro de papel moreno y tapas tiesas que se llama con entera razón Páginas olvidadas". ¡Finísimo sarcasmo! Páginas olvidadas, sí, pero con entera justicia, y entonces no sólo olvidadas, sino también olvidables. Únicamente un escritor suicida puede ponerle por título a un libro suyo Páginas olvidadas.
2. Hay quienes de veras creen que no se puede juzgar un libro por su título. Pero desde el momento en que un libro de poemas se intitula, por ejemplo, Pescador de estrellas o Cazador de sueños o, peor aún, Páginas de mi inspiración, ya sabemos a qué atenernos. ¡Hay que deshacernos de ellos inmediatamente! Borges sabía que nadie puede tomar en serio un libro que se intitule Páginas olvidadas, o De mi propia no o Silencios pausados o Pautas de silencio. O Pensamientos tristes que, seguramente, serían muy tristes pensamientos.
3. Osadía fue sin duda que Josefina Vicens (1911-1988) intitulara sus novelas El libro vacío (1958) y Los años falsos (1982). Con entera razón, podrían decir algunos. Por mi parte, puedo asegurar que leí las dos y que las recuerdo muy vagamente. Incluso escribí alguna nota sobre El libro vacío, pero eso fue en mis años falsos. No estoy seguro de que pueda gustarme si lo releo, pero confieso que tampoco me interesa mucho averiguarlo.
4. Otros títulos no menos espantables, y del todo reales (es decir, verídicos) son: Basura, Indolencia, Tedio, Páginas tristes, Cálculo equivocado, Para dormir a Morfeo y el sincerísimo Caca de perro. (No estoy inventando nada.)
5. Leo un libro de una investigadora argentina que recopila y anota las cartas de una célebre poeta compatriota suya. Me topo con una llamada que me remite no al pie de la página, sino al final del capítulo. Voy a ella y me encuentro con lo siguiente: "Una salida al teatro Odeón donde actuaba, si mal no recuerdo, Laurent Terzieff". ¿Cómo está eso de que si mal no recuerda? Algunos investigadores se muestran arrogantes al proporcionarle al lector la información sobre lo que no saben pero que dan por sabido. El 'si mal no recuerdo' carece de todo rigor investigativo. Está bien decirlo en el corrillo, en la conversación casual, en la cháchara, pero ponerlo en un libro de investigación no es otra cosa que un guiño presuntuoso que nos quiere decir que la autora tiene excelentísima memoria y que confía a tal grado en ella que no considera necesario ir a la fuente primaria y dar el dato con precisión. El 'si mal no recuerdo' no quiere decir que dude, ni siquiera un instante, de su buena memoria, sino todo lo contrario: quiere decirnos que no recuerda mal, que tiene la seguridad de recordar muy bien, infaliblemente. Pero no es para nada profesional en un investigador, pues si éste no puede ofrecer (porque no lo encontró) el dato preciso, lo que tiene que hacer es dejarse de jaladas y no poner una llamada en el texto, que sólo distrae, pues no aporta nada con ese arrogante 'si mal no recuerdo'.
6. Lo malo de las llamadas en los textos y de las notas al pie es que, en su mayor profusión, en su obesidad y en su bulimia, infestan el texto y distraen de lo importante (si es que lo hubiera), para cumplir con un requisito. Gabriel Zaid escribió: "El desdoblamiento puede ser útil para componer un texto a dos voces del mismo autor, que se integran y enriquecen mutuamente. También es posible que un segundo autor consiga algo semejante, haciendo la segunda, si sabe acompañar. Pero lo más frecuente es que el lector esté en la incómoda situación de escuchar dos voces que hablan al mismo tiempo; la segunda interrumpiendo a la primera, aunque no tenga mucho que decir. Se quejaba Noel Coward: Cuando estás leyendo sabrosamente, interrumpir por la llamada de una nota y bajar las escaleras a ver de qué se trata es como escuchar el timbre que te pide bajar a la puerta, cuando estás arriba haciendo el amor".
7. Juan García Hortelano (1928-1992), escritor español, publicó en 1972 una novela de 813 páginas, en dos volúmenes (410 el primero y 403 el segundo): El gran momento de Mary Tribune. Más de 4 décadas después, me encuentro los 2 tomos en todas las librerías de usado, con evidencias de no haberse leído jamás. ¿Pues cuántos ejemplares se habrán tirado? ¿O es que, acaso, literalmente, se tiraron todos?