Opinión

Colombia: segunda vuelta

El domingo se realizaron elecciones presidenciales en Colombia, con una estrecha competencia, no exenta de controversia, polémica y su respectiva guerra sucia.

El presidente Juan Manuel Santos, quien busca la reelección, sostuvo una campaña repleta de enfrentamientos con el grupo político que lo llevó al poder. Hoy se conoce como el uribismo y es la corriente que proviene del expresidente Álvaro Uribe.

Santos gobierna desde 2010 y en estos cuatro años ha hecho todo a su alcance para distanciarse de la huella de su predecesor.

El resultado de esa creciente distancia y sobre todo, perspectiva política diferente, se expresó con la postulación de Oscar Iván Zuluaga por el Centro Democrático, de orientación uribista.

Los resultados arrojaron los siguientes números: como puntero Zuluaga aseguró 29.26 por ciento de los votos, mientras que Santos obtuvo 25.68 por ciento; en tercer lugar, del Partido Conservador, Marta Lucía Ramírez con 15.53 por ciento, seguida muy de cerca por Clara López del Polo Democrático Alternativo, quien alcanzó 15.23 por ciento. Finalmente, de la Alianza Verde, Enrique Peñalosa, con 8.28 por ciento de las boletas emitidas. La legislación contempla la segunda vuelta en casos como este, en que ningún candidato obtiene una mayoría definida. Santos y Zuluaga deberán enfrentarse en tres semanas, en su calidad de punteros, a una segunda ronda de votaciones.

Varias notas resaltan en la elección del domingo. La primera y más preocupante es la aplastante abstención que alcanzó 60 por ciento de los comicios. Aproximadamente 20 de los 33 millones de ciudadanos con derecho a voto decidió no ejercerlo. Los analistas locales hablan de desencanto con el tono de la campaña, entre acusaciones e insultos.

Pero lo que está verdaderamente de fondo es el tema de las negociaciones con las FARC. Como es bien sabido, se realizan en La Habana rondas de pláticas para alcanzar un plan que eventualmente derive en un acuerdo total y definitivo de paz para Colombia. Una postura que Santos ha impulsado con discurso y acción, lo que lo ha llevado a enfrentarse inexorablemente con Uribe, que defiende una postura de cero diálogo y negociación, y apoya la total desaparición, encarcelamiento y aniquilación de los integrantes de las FARC. Como nunca en los más de 30 años de conflicto, el gobierno de Uribe asestó golpes brutales contra las FARC, al grado de la intervención y eventual intermediación de los presidentes Hugo Chávez de Venezuela –en su momento- y Rafael Correa de Ecuador.

Los caminos para alcanzar la paz –divergentes entre ambos candidatos punteros- representan el mayor punto de conflicto, que produjo una campaña sobrada en acusaciones, denuestos, descalificaciones y agravios. Para Zuluaga no hay negociación viable que les haga pagar el daño que las FARC han producido a Colombia en más de 30 años de lucha armada. Para Santos, la única base para un futuro pacífico es la reconciliación de todos los colombianos.

Lo que sigue en las próximas tres semanas será trabajo fino de negociación política y de formación de alianzas. Ambos candidatos cortejarán a los partidos menores pero con porcentajes relevantes en los comicios del domingo, para que se sumen a sus candidaturas y formen bloques hacia la segunda vuelta.