Opinión

Colombia, ¿regreso al diálogo de paz?

A mediados de noviembre un general del Ejército colombiano desapareció de su campamento y zona de control y vigilancia, acompañado aparentemente por un cabo nada más. Horas más tarde de ese 15 de noviembre, se supo que estaba en poder de las FARC y corrió como espuma la noticia de que había sido secuestrado.

El presidente Santos apareció en televisión nacional, acusó a las FARC de boicotear los diálogos de paz, demandó la inmediata liberación del general y su acompañante y declaró suspendidas la negociaciones.

Las FARC respondieron que no eran responsables de ningún secuestro y que el general se había aparecido –como si nada- paseando por municipios bajo el control de las fuerzas rebeldes.

Lo detuvieron y mantuvieron cautivo durante dos semanas para calmar los tonos y las acusaciones.

El general Rubén Darío Alzate fue finalmente liberado –ileso- el pasado domingo, 14 días después de haber sido detenido. Para sorpresa de todos, anunció el día de ayer su renuncia al Ejército colombiano: “Por el amor y respeto a nuestra institución militar, que por este hecho se ha visto afectada, he solicitado al gobierno nacional mi retiro del servicio activo”, declaró en su primer encuentro con los medios.

Durante las dos semanas en que las FARC dieron a conocer las sospechosas condiciones en que encontraron al general, surgieron toda serie de especulaciones en Colombia. El general iba vestido de civil, sin escolta ni “anillo de seguridad”, sin armas y sin dispositivos de comunicación. Un cabo era su único acompañante y todo parece una argucia montada para descalificar o descarrilar el proceso de paz.

Según algunos especialistas colombianos, se trata de un acto de provocación a las FARC, que difícilmente pueden conceder como creíble el dicho del militar de alto rango: “Me informé de la situación de seguridad y de inteligencia del área y procedí a visitar el corregimiento de Las Mercedes adoptando unas medidas de seguridad que incluían: desinformación de mi ruta y destino final, el no acompañamiento de mi anillo de seguridad y el manejo de un bajo perfil, razón por la que iba vestido de civil y sin armamento”.

Alzate representó –por vergonzosos 14 días– al militar de más alto rango en manos de las FARC en 50 años de conflicto. El general “paseaba” por la zona, inspeccionando los alrededores, buscando confianza y vínculos de cercanía con una población simpatizante de los rebeldes, recelosa y distante de los soldados. Inverosímil.

En Colombia existe un extendido sector –algunos calculan que cercano a 50 por ciento de la población– que se niega a un proceso de paz que implique la incorporación civil o política de los antiguos combatientes. El segmento encabezado y dominado por el expresidente Álvaro Uribe se inclina por una solución armada y definitiva del conflicto: eliminarlos o cárcel para todos, “que paguen por sus crímenes de tantos años”.

La pifia o la confusión intencionada del general Alzate parece más un acto calculado y estratégico por ese sector enemigo de los diálogos, para impedir que el proceso de negociación llegue a buen término.

Las FARC supieron leer con precisión e inteligencia lo que parece un acto de provocación y lo devolvieron de inmediato, antes de un daño mayor a las negociaciones. Con ello, los rebeldes, entregaron al presidente Santos el mejor argumento en defensa de los diálogos y la paz al demostrar su compromiso.

Alzate fue sacrificado por sus patrocinadores al retirarlo del servicio activo por el descrédito causado al Ejército.

Ahora será interesante observar si pueden volver a la mesa de diálogo, haciendo a un lado el incidente y muy claros de que nuevas provocaciones podrán venir en el futuro próximo.

Twitter: @LKourchenko