Opinión

Colima, la guerra sucia
sí es guerra y sí es sucia

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Jorge Luis Preciado.

Hace diez años la 'guerra sucia' electoral en la campaña por la presidencia tuvo una constante: Andrés Manuel López Obrador fue caracterizado como un “peligro para México” porque, nos decían, podría llevarnos a una devaluación –¿recuerdan el spot del niño con un billete que valdría menos? Por cierto, ¿a cuánto cerró el dólar ayer?– o hacer que “los ladrillos” de la economía nacional sucumbieran.

Aunado a lo anterior, supuestas ofensas del candidato de la izquierda al lenguaraz mandatario de entonces –“cállate chachalaca”, le dijo AMLO a Fox, que ilegalmente se pronunciaba en contra del tabasqueño–, ayudaron a consolidar entre cierto electorado la idea pretendida por esos spots negativos: que López Obrador no era confiable.

Si en 2006 el PAN o el PRI hubieran tenido algo sobre la vida privada de López Obrador, ¿lo habrían usado en las campañas? Difícil saberlo, pero creo que sí, pues el tricolor en su pugna interna por la candidatura no conoció límite al demoler las aspiraciones de Arturo Montiel, a quien bajaron de su nube presidencial con filtraciones no sólo sobre depósitos millonarios, sino con la publicación de fotos en mansiones.

Una década después, la 'guerra sucia' electoral no se anda con rodeos: se basa primordialmente en audios grabados y difundidos de manera ilegal. Lo vimos en las elecciones de 2015 –en Sonora, por ejemplo–, lo vemos estos días en esa revancha que es la nueva campaña por Colima.

Jorge Luis Preciado es un personaje singular, visto por encima del hombro por algunos de sus compañeros del Senado, donde ha cometido algunos excesos. Pero es bueno para las campañas, tan bueno que el año pasado sorprendió a los propios dirigentes de Acción Nacional cuando se quedó a nada de noquear al PRI en Colima. Singularidades de los priistas colimenses, donde desde hace varios años ha corrido demasiada sangre, provocaron la anulación de los comicios, y hoy estamos a nueve días de la nueva cita en las urnas.

Lejos de achicarse, en la nueva campaña Preciado confirmó sus probabilidades de ganar. Ante ese panorama, manos anónimas han hecho circular en las redes sociales esta semana dos audios sobre una supuesta relación íntima del candidato del PAN con una joven.

Si Colima es el prólogo de lo que serán las campañas de este año, donde se renovarán otras doce gubernaturas, advertidos estamos de lo que el PRI –dado que ese partido es el obvio beneficiario de la denostación en contra de Preciado– estará dispuesto a hacer en los comicios.

Estamos ante un panorama de sálvese quien pueda. Porque aunque parezca una nimiedad –dado que son igualmente ilegales–, no perdamos de vista que en el caso de Sonora los audios filtrados aludían no a cuestiones de vida personal, sino a presuntos ilícitos o irregularidades, tanto de la candidata del PRI –hoy gobernadora– y del PAN. Es decir, los audios supuestamente constituían pistas sobre conductas públicas indebidas (uso de aviones de contratistas favorecidos, contratación entre empresas familiares de servicios para la campaña, etcétera). Pero no se metieron en las sábanas de nadie. Hasta ahora.

En un país donde el gobierno es incapaz de evitar tanto los secuestros ordenados y negociados desde las cárceles, como el bombardeo de los call centers de bancos y tiendas departamentales a los ciudadanos, esperar que las autoridades combatan el espionaje es una boba ilusión: ¡Si son los políticos quienes en las campañas lucran con información obtenida de manera ilegal, incluida la íntima!

Hoy la guerra electoral sí es guerra y sí es sucia.

Twitter:
@SalCamarena

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