Opinión

Colima, el gobernador tira la elección

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PHL

El gobernador de Colima, Mario Anguiano, terminó por desbarrancarle el triunfo a su partido y a su candidato Ignacio Peralta, por intromisión indebida en el proceso electoral que ayer fue anulado.

Su acción fue perversa para la democracia y su partido. Como Ignacio Peralta no era su candidato, Anguiano le escupió la elección.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación determinó que el gobierno estatal tuvo injerencia en las elecciones y por tanto esos comicios deben repetirse.

Para el PRI es un golpe de proporciones mayores, pero se lo ganaron. Los gobernadores no pueden meter sus manos en las elecciones, porque eso va contra las reglas del juego.

Que no vengan ahora a llorar los priistas y a lanzar acusaciones contra el Tribunal. Es el árbitro constitucional y tienen que respetarlo.

Si los gobernadores saben que no deben inmiscuirse en favor o en contra durante un proceso electoral, ¿para qué lo hacen? ¿O no creyeron que el Tribunal era independiente?

En Colima hubo un factor perverso: el gobernador que le ensucia deliberadamente la elección al candidato de su partido.

Lo ocurrido ayer en el Pleno del TRIFE reafirma el carácter autónomo y libre de esa institución, que ha dado reiterados ejemplos de imparcialidad y justicia.

Y es un aviso al PRI para amarrarle las manos a varios de sus gobernadores que se comportan como caciques electorales, pues de no corregir sus hábitos van a perder en junio por el voto popular o por decisión del Tribunal.

El próximo año vienen elecciones en doce estados que van a renovar gubernaturas, y desde ahora se puede decir que varios de ellos no van a pasar la prueba del Tribunal.

La elección en Colima fue anulada por el Tribunal porque, en una votación tan cerrada, en que el priista Peralta ganó por 503 votos al panista Preciado, cualquier acción del gobierno estatal para inducir o desalentar el voto podía cargar la balanza.

Así es que ya saben los priistas: el próximo año tienen que ganar por una buena ventaja, o no permitir que sus gobernadores incurran en actos indebidos como hizo Mario Anguiano.

Y no permitir que esos gobernadores desbarranquen la elección si no va su candidato: el que les iba a cubrir las espaldas.

Si no quieren correr riesgos, deben tomar medidas de antemano, como es separar a algunos gobernadores de su cargo porque van a contaminar el proceso electoral.

Veracruz, por ejemplo, donde se pronostica una competencia reñida, el PRI ya tiene perdida la elección en el Tribunal. El gobernador Duarte llamó “perro” a uno de los posibles contendientes de la oposición.

Enfrente tienen a un tribunal independiente que vigila sus actos, lo mismo que de los gobernadores de oposición, y actúa sin favoritismos.

No es cierto el cuento de que el Trife está “al servicio del poder”, como dicen algunos (y los priistas del jurásico se lo creen). Ahí está la muestra de Colima.

Un gobernador irresponsable le enturbió y le arrebató el triunfo a su candidato, y lo mismo puede ocurrir en junio del próximo año.

Por la vía de las instituciones que ese mismo partido ayudó a crear, puede venir la gran debacle del PRI si no asimila en serio que lo que hay es democracia y no una farsa.

Twitter: @PabloHiriart

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