Opinión

Coldwell, con menor margen de maniobra

Son tres las variables que están jugando en contra de un éxito rotundo del primer tramo de la reforma energética: la estrepitosa caída en el precio del petróleo; la débil condición mexicana para influir en la configuración petrolera internacional; y la violencia e inseguridad en México. Veamos.

El jueves el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, declaró que esta semana se harán públicas las bases para la licitación de la Ronda I. No obstante, también declaró que “donde estamos evaluando redimensionar […] es en áreas de petróleo no convencional, shale gas y shale oil y Chicontepec”. Esta es una noticia muy desafortunada para la reforma energética, porque significa que se empequeñecerá el paquete de campos a licitar, toda vez que varios de los yacimientos no convencionales dejarían de ser atractivos con precios de crudo tan bajos.

El precio del petróleo mexicano cerró el viernes en menos de 59 dólares, en el mercado de futuros ya se están vendiendo posturas del WTI que implican precios de 40 y 35 dólares por barril hacia finales de 2015. Ese escenario, de cumplirse, significaría que la mezcla mexicana podría tocar niveles bajísimos el próximo año. Consecuentemente la utilidad por barril bajaría y se pierde todo el atractivo de invertir en campos que requieren sofisticación tecnológica.

Una segunda variable que está jugando en contra es la debilidad mexicana para influir en el escenario petrolero internacional. Claramente la OPEP ha tenido esa influencia, y Arabia Saudí ha sido el país preponderante del mercado por un largo tiempo. No obstante, la elevación de la producción petrolera de Estados Unidos ya juega un papel fundamental para rebalancear el escenario petrolero global.

Asimismo, el Reino Unido, que tiene a las petroleras globales más poderosas, ha activado incentivos fiscales para firmas que producen costa afuera. El ministro de Finanzas George Osborne hizo importantes anuncios al respecto el miércoles pasado. México llegó tarde a la revolución tecnológica del gas shale y su petróleo derivado, por lo que nos costará muchísimo trabajo activar mecanismos que equilibren nuestra posición relativa con condiciones de precio cambiantes.

Finalmente, la fragilidad institucional del Estado mexicano para generar certeza y para garantizar que entramos en una espiral de mayor seguridad y menos violencia, también cuenta. Poco, si se quiere, pero cuenta. Si una firma noruega, canadiense o china tiene dos destinos para invertir en energía y en uno de ellos el Estado es más sólido en materia de seguridad, claramente preferirá ese.

Esas son las tres variables y tienen una implicación muy importante: reducen el margen de maniobra de la política energética de México.

Twitter: @SOYCarlosMota