Opinión

Coldwell, 11 millones de razones para renunciar

La semana pasada los mexicanos supimos detalles de la participación accionaria del secretario de Energía Pedro Joaquín Coldwell en seis empresas ligadas al sector energético. Esto ocurrió luego de que el PRD, particularmente la senadora Dolores Padierna, denunciara que el funcionario había ocultado información al respecto. Joaquín Coldwell se vio forzado a revelar datos que antes había negado a la opinión pública.

Se ha querido desestimar la denuncia de la senadora argumentando que ésta mintió pues Coldwell sí declaró a la Función Pública sus negocios en gasolineras. Pero lo importante es la esencia de la denuncia: Coldwell incurre en conflicto de interés al ser funcionario clave de la política energética y, simultáneamente, tener negocios en el sector.

Como ahora sucede que en México lo obvio no es tan obvio –insisto: que no se puede ser personaje cúspide de la regulación de un sector económico y, al mismo tiempo, tener negocios en ese ámbito— para subrayar pues el evidente conflicto de interés basta con revisar, por ejemplo, la iniciativa de ley sobre los órganos reguladores que forma parte del paquete de reformas de Peña Nieto que al PRI le urge aprobar.
En esa propuesta se expresa claramente:

--Que el secretario de Energía presidirá un ente nuevo, llamado Consejo de Coordinación del Sector Energético.

--Que ese Consejo estará integrado, entre otros, por la Comisión Reguladora de Energía.

--Que (artículo 38) “la Comisión Reguladora de Energía deberá regular y promover el desarrollo eficiente de las siguientes actividades: las de transporte, almacenamiento, distribución, compresión, licuefacción y regasificación, así como el expendio al público de petróleo, gas natural, petrolíferos y petroquímicos”.

En otras palabras, el secretario Coldwell tiene casi 11 millones de pesos en capital social de empresas en un sector que, según la propuesta de ley, a final de cuentas de alguna manera él mismo regulará, pues al presidir el Consejo de Coordinación, señala la iniciativa, Coldwell deberá (artículo 21, Inciso II) “analizar los programas de trabajo anual de los Órganos Reguladores Coordinados en Materia Energética y su ejecución con el fin de validar su conformidad con la política energética y programas del Ejecutivo Federal así como emitir recomendaciones”. (subrayado mío). El secretario además tendrá voto de calidad en lo que decida esa instancia.

Más aún. La misma iniciativa establece claramente que los integrantes de la Comisión Reguladora de Energía “estarán impedidos para conocer asuntos en que tengan interés directo o indirecto”.

El artículo 12 especifica: “Se considerará que existe interés directo o indirecto cuando un comisionado: (…)

II. Tenga interés personal, familiar o de negocios en el asunto, incluyendo aquellos de los que pueda resultar beneficio para él, su cónyuge o sus parientes…”

“Interés personal, familiar o de negocios”… Qué bueno que Coldwell no es comisionado de la CRE, porque cae en los tres supuestos. Pero es mucho más que un comisionado.

Queda claro el conflicto de interés del actual secretario, que tiene casi 11 millones de razones para dar un paso al lado y no afectar a su jefe, el presidente Enrique Peña Nieto.