México, la industria 4.0 y la Cuarta República
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México, la industria 4.0 y la Cuarta República

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México, la industria 4.0 y la Cuarta República

02/10/2018

La vida es transformación, por lo tanto la sociedad evoluciona como ley de vida; empero, esos cambios pueden tomar direcciones diversas por lo que la aspiración humana, válida para el pensamiento, más en la sociedad del conocimiento, la ciencia y la tecnología, para la política, la economía y el derecho mismo sólo puede dirigirse a lo conveniente, a lo que favorezca a la humanidad o a una socied.

De ahí que vale evocar al sociólogo y filósofo francés Edgar Morin cuando manifiesta que el error y la ilusión parasitan la mente humana desde la aparición del homo sapiens, a quien he recordado a través de María Antonia Pujol Maura, profesora de la Universidad de Barcelona, con motivo de la vigencia global de la cuarta transformación industrial que obliga a repensar en todo el mundo tanto en la educación —en los siete saberes—, pero también en la fuerza que genera la enseñanza del comportamiento con el respeto hacia otras formas de pensar y creer desde una visión crítica, positiva y creativa.

Morin pregona que la enseñanza de una ética válida para todo el género humano es una exigencia de nuestro tiempo. Y hoy, este tiempo es justo el de la digitalización, el de los algoritmos, el de la transparencia en toda su extensión, el del gobierno abierto.

En tanto somos parte, no sólo de un nuevo Acuerdo USMCA, —sucesor del TLCAN—, apenas aprobado hace unas horas, parte de otros acuerdos globales y en general como integrante de la aldea global, la sociedad mexicana y nuestro gobierno estamos inmersos en el proceso transformador al tiempo de estar sujetos, por coincidencia, a otra transformación que se identifica como la Cuarta República, como lo refiere el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en seguimiento a las transformaciones nacionales de la Independencia, la Reforma y la Revolución Social.

Dicha denominación me ha hecho pensar en la Quinta República Francesa establecida por la Constitución del 5 de octubre de 1958 que representó un cambio político importante y detenida ante tal escenario, que creo que surge una pregunta obligada para los mexicanos: ¿hasta qué punto habremos de transformar al país? En doscientos años, las tres eras citadas produjeron cambios de enorme trascendencia nacional; nos independizamos y con ello crecimos pero perdimos territorio, nos reformamos y nos sacudimos el imperio pero olvidamos la justicia social. Fuimos por reconquistarla y aquí estamos con el juicio que cada lector pueda darle.

Hoy por hoy, la Federación tiene una convivencia más próxima con el norte del continente, lo que acaso propicia más prosperidad al norte del territorio, pero hay una muy fuerte mirada al sur, necesaria y justificada, por lo que no sería ocioso balancear y vigorizar el federalismo en aras del fortalecimiento de esta Cuarta República con el respeto a la libertad y soberanía de los Estados que la integran.

Todos queremos, todos pedimos un cambio sociopolítico; las últimas noticias que enardecen a la sociedad sobre la violencia, la deshonestidad y la impunidad lo validan más que nunca, pero con la cautela de la reestructura legal bien fundamentada que permita transitar equilibradamente y evitar que la ilusión pudiera desviarnos pues errores graves ya se cuentan en la historia reciente y simplemente deben ser irrepetibles; éstos y la ilusión nos cegarían como dice Morin. Tampoco debe ocurrir.

Con la benevolencia del lector y por ser obligado, permítaseme recordar que ayer 1º de octubre entró en vigor el Convenio 108 del Consejo de Europa sobre Protección de las Personas con respecto al Tratamiento Automatizado de Datos de Carácter Personal y su Protocolo Adicional relativo a las Autoridades de Control y a los Flujos Transfronterizos de Datos a cuya adhesión fue invitado México por disponer de un estatus y una legislación que satisface los requerimientos para atender las disposiciones de dicho convenio y así fortalecer la protección de los datos personales, tanto en el sector público como en el privado, lo cual también forma parte de la era de la digitalización. Esto constituye un ejemplo de la transformación citada.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.