López Obrador no puede acelerar la economía de México
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López Obrador no puede acelerar la economía de México

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López Obrador no puede acelerar la economía de México

10/07/2018
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Profesor de economía en en George Mason University y colaborador de Bloomberg

Con la elección de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, la eterna pregunta vuelve a surgir: ¿Podría México tener una mayor tasa de crecimiento? Su economía ha crecido a una tasa de alrededor del 2 por ciento al año durante alrededor de un cuarto de siglo, cerca de la mitad del ritmo de otras naciones emergentes.

La triste realidad es que el nuevo régimen mexicano probablemente no podrá mejorar su desempeño económico a menos que logre solucionar problemas básicos en materia de educación y productividad.

La política económica mexicana hace muchas cosas mal y el país tiene un alto nivel de corrupción. Pero estos no son los principales obstáculos para un mayor crecimiento. China, que puede ser casi igualmente corrupta, creció en el rango del 8 al 10 por ciento durante algunas décadas y recientemente superó el 6 por ciento; India, que podría decirse que tiene peores restricciones y más arbitrarias a la actividad económica, ha pasado años con tasas de crecimiento del 6 al 8 por ciento.

La anémica economía de México tampoco puede atribuirse por completo al flagelo de la violencia del narcotráfico. Pese a que el sur sufre menos repercusiones de esta violencia, que ha llevado la tasa de homicidios a más de 2,000 por mes, es una de las regiones más pobres del país.

Es el norte, a veces directamente en la línea de fuego, que ha crecido más rápidamente y ha atraído a la mayoría de la industria.

La educación es posiblemente el problema fundamental de México. En la mayoría de las economías emergentes, si uno es ambicioso y busca obtener salarios más altos, invertirá en más educación. Los mexicanos tradicionalmente han tenido otra opción: cruzar la frontera para trabajar en Estados Unidos. Los mexicanos que han optado por esto pueden pasar de ganar un dólar o dos al día a 10 o 15 dólares por hora, aunque con costos de vida más altos. Es difícil lograr ese nivel de salario simplemente terminando la escuela secundaria o incluso la universidad en México.

De esta forma, muchas de las personas de bajos ingresos más ambiciosas de México tienen un incentivo para dejar los estudios en lugar de invertir en ellos. Eso, a su vez, ha dañado la cultura educativa, y, más aún, el gobierno entrante ha prometido revertir algunas positivas reformas educacionales que ya fueron implementadas. Es poco probable que México pronto llegue a parecerse a Corea del Sur, por ejemplo, con su obsesión por los tutores privados y la educación superior. En la década pasada, cuando la inmigración mexicana se encontraba cerca de su máximo nivel, alrededor del 15 por ciento de la mano de obra del país trabajaba en EU.

Uno se podría preguntar si es económicamente ventajoso para México enviar a sus migrantes a EU. Probablemente todavía sea un beneficio neto, ya que pueden ahorrar dinero y enviar remesas a casa. México, de hecho, es uno de los países de “ingresos medios” más ricos, con un ingreso anual per cápita de aproximadamente 18,100 dólares (ajustando por diferencias en el poder adquisitivo), por encima de Brasil (alrededor de 15,500) y todavía levemente mayor que China (alrededor de 16,800).

El segundo problema fundamental de México es la productividad. Muchas empresas mexicanas tienen niveles de productividad notablemente altos, como empresas de cemento, productos alimenticios, programas de televisión y automóviles. Estas firmas compiten exitosamente con compañías en EU.

Su éxito contribuye al ingreso per cápita relativamente alto de México, pero es difícil que esas empresas aumenten mucho la productividad porque ya están en el límite, a diferencia de sus pares en, por ejemplo, India.

La empresa mexicana más típica es más pequeña. Tienen niveles bastante bajos de productividad y muchas no quieren crecer mucho más, para evitar las cargas tanto reglamentarias como tributarias. Es cierto que este trabajo puede ser absorbido, y a menudo lo es, en los sectores más formales y productivos de la economía, incluidas las exportaciones. Pero la tasa de absorción es bastante lenta, lo que a su vez ayuda a establecer la lenta tasa de crecimiento de la economía.

En 50 o 100 años más, México podría ser una gran sorpresa, económicamente hablando, sin nunca haber sido visto como un milagro.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.