Las elecciones y el México urgente
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Las elecciones y el México urgente

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Las elecciones y el México urgente

29/06/2018

Después del 1 de julio todos estaremos aquí, este seguirá siendo nuestro país y quien resulte ganador será nuestro Presidente.

Ante nosotros, más allá de calendarios electorales, tenemos un gran cúmulo de oportunidades, desafíos y dificultades que debemos afrontar, algunas de ellas de urgente atención.

No podemos perder tiempo en eventuales conflictos postelectorales y menos aún darnos el lujo de enfrentamientos entre seguidores de uno u otro bando partidario.

Si bien durante las campañas las descalificaciones y agravios rivalizaron con compromisos y propuestas, ahora, para evitar conflictos o periodos políticos, sociales y económicos complejos, hay que atemperar los ánimos.

A candidatos y partidos corresponde contribuir a sembrar tranquilidad para cosechar paz social después de este domingo. Entre otras conductas, cabe hacer un llamado a que nadie proclame victoria antes de que el INE dé a conocer resultados.

La tentación será mucha, pero incluso quien gane podrá enturbiar su propio triunfo si se declara vencedor prematuramente, además de poner en entredicho a la autoridad electoral.

Si después de las elecciones nos dejamos llevar por la división, materializada por agrias discusiones o graves conflictos, será como cederle el mando a los grandes problemas que tenemos, destacadamente la inseguridad y la violencia.

El proceso electoral no puede llevarnos a desatender el México urgente.

Por ejemplo, nuestro país fue el segundo lugar en el mundo en número de homicidios en 2017 y se prevé que esta tendencia siga hasta 2030 (Seguridad ciudadana en América Latina: hechos y cifras, informe del Igárape Institute).

La impunidad por delitos generales en el país es del 99.3 por ciento y en 26 de las 32 entidades el sistema judicial está colapsado por falta de policías y de jueces (Índice Global de Impunidad México 2018).

Con una responsabilidad compartida por los tres órdenes de gobierno, nuestro país se encuentra en el lugar 135 de 180 países en percepción de corrupción (Índice 2017, de Transparencia Internacional).

Mientras tanto, la OCDE sostiene que la mitad de los mexicanos que nacen pobres lo serán toda su vida y que las insuficiencias en la educación son una de las principales razones de la falta de movilidad social.

El horizonte también es incierto en lo referente al comercio internacional, sobre todo ante el desasosiego generado por la posible cancelación del TLC y los barruntos de guerra comercial desatados por Donald Trump.

Hay rubros en los que México avanza. Sólo algunos ejemplos: en 2017 subimos al sexto lugar mundial en cuanto el número de turistas, con 39 millones de visitantes y un ingreso de 21 mil millones de dólares.

De acuerdo con la revista médica The Lancet, México ocupa el lugar 69 entre 188 países en cuanto a desarrollo de salud, en contraste con el lugar 104 que tenía en 1982.

El Informe Global de Competitividad 2017-2018, del Foro Económico Mundial, coloca por segundo año consecutivo a México en el lugar 51 de 136 economías.

La ONU reporta que de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, signados por 189 países, México alcanzó la meta en 6 de 8 rubros durante la primera fase, acordada de 2000 a 2015.

Entre avances y rezagos, problemas de fondo y desafíos, no hay otra opción elegible que ir hacia adelante de manera continua.

Lejos de detenernos, tenemos que acelerar el paso. Reconozcamos los resultados en los casi 3 mil 500 cargos que se votarán, y en caso contrario recurramos a las instancias y conductos legales, pero lo que no podemos hacer es entramparnos en protestas y conflictos que nos lleven perder de vista los reclamos del México urgente, lo que podría costarnos vacíos o rezagos que no podemos permitir.

México requiere demócratas y unidad. Hagamos del periodo postelectoral un lapso de reflexión y renovación para enfrentar a los verdaderos enemigos del país: inseguridad, impunidad, injusticia y pobreza, entre otros, y para construir avances consistentes, por ejemplo en crecimiento económico y desarrollo social.

Porque, en efecto, luego del 1 de julio estaremos aquí, este seguirá siendo nuestro país, quien resulte ganador será nuestro Presidente y todos deberemos ser capaces de zanjar diferencias y trabajar en favor de México.

*El autor es especialista en derechos humanos y secretario general de la Cámara de Diputados.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.