Certidumbre, la agenda que viene
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Certidumbre, la agenda que viene

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Certidumbre, la agenda que viene

04/07/2018
logo Román Meyer Falcón
Propuesta de Andrés Manuel López Obrador para encabezar la Sedatu

Hace unas semanas presentamos una síntesis de la propuesta de desarrollo agrario, territorial y urbano que llevaremos a cabo a partir del próximo 1 de diciembre en la Sedatu. El documento, titulado “AMLÓPOLIS”, ha sido analizado por expertos en la materia, quienes han emitido diversas opiniones de éste. He leído con atención cada una, y me da gusto que estos temas empiecen a ser de interés público e incluso haya posiciones encontradas o hasta discusiones por el nombre del documento. El objetivo era, precisamente difundir de forma amplia la visión general del próximo gobierno para incidir en el desarrollo territorial del país y en el bienestar de las familias. En ese sentido ha sido satisfactorio el llamado que hemos hecho para que a partir de esas propuestas se pueda construir colectivamente.

Ahora, ante el resultado de la elección, debemos analizar otros retos que es necesario atender para que nuestras propuestas se lleven a cabo. Éstos se pueden dividir en estratégicos, normativos y operativos. Cada uno implica un distinto nivel de atención y urgencia. En la parte estratégica estamos jerarquizando los programas y acciones que llevará a cabo la Secretaría con parámetros de alcance, impacto y beneficio social; aquellos prioritarios deben contar con el presupuesto necesario. Además, como lo hemos mencionado en diversos foros, se buscará la unificación de algunos programas y el reforzamiento de otros, no sin antes consultar con una pluralidad de actores.

Revisar y hacer cumplir la parte normativa es fundamental para la administración adecuada de la Sedatu. Como prioridad, se debe hacer un reglamento interior de la dependencia que sea congruente con la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, publicada a finales de 2016. Aunque esto es obligatorio, hasta ahora no se ha hecho y sería mal precedente que se intente publicar durante el periodo de transición. Esta ventana de oportunidad debe servir para mejorar la organización institucional con base en las prioridades descritas anteriormente, con ello existirá una distribución de responsabilidades acorde a la Ley y a la magnitud de los grandes problemas nacionales que enfrentará la Secretaría.

A nivel operativo estamos trabajando en distintos frentes. Primero, atender las dificultades que suponen los cambios normativos, no basta con tener una buena ley o un reglamento, estos deben de permear hacia abajo y ser parte de la cultura de trabajo de quienes colaboraremos en la Sedatu. Segundo, es necesario implementar un programa de austeridad y control de costos, lo que implicará un proceso de adaptación a una nueva forma de trabajo. Por último, se debe hacer una revisión profunda de todos los procesos administrativos, lo que se busca es simplificarlos y evitar discrecionalidad en el actuar de los servidores públicos y con ello cerrar las puertas a la corrupción.

La Sedatu es una dependencia relativamente joven, sin embargo, en su corta vida como institución, ha pasado por un periodo de cuestionamientos al ser el centro de operaciones de la “Estafa Maestra”, es una lástima. Lo anterior, ha opacado el impacto que tiene la Secretaría en la vida de millones de personas, nuestro compromiso es trabajar por ellos. Reiteradamente he dicho que habrá cero tolerancia a la corrupción y que trabajaremos con absoluta transparencia, es un imperativo ético que merecen los mexicanos; además de que estaremos abiertos al diálogo con todos los actores relevantes en la materia. El resultado de la elección y la alegría de los ciudadanos nos compromete a trabajar incansablemente, no vamos a fallar en esta tarea.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.