Opinión

Coahuila, todo mal

    
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Conteo de votos en Coahuila. (Cuartoscuro/Archivo)

Estamos ante la posibilidad de que el INE encamine las elecciones en Coahuila hacia la anulación por parte del TEPJF. Esto tiene varios significados. Hay que admitir que el principal opositor en aquella entidad, el PAN, falló. En una elección tan importante y significativa
–pues se trataba de acabar con el cacicazgo de los Moreira– el panismo no fue capaz de capitalizar el enojo contra esa especie de 'hermanos del mal' que son Humberto y Rubén. No parece haber sido un problema de candidato, sino del manejo de la campaña. Por ejemplo: no cubrir la totalidad de las casillas en una elección tan importante habla de desorden, falta de cuidado y control, y no contar con la totalidad de las actas –como se ha difundido en diversos medios– es imperdonable para un partido que tenía esa y la del Edomex como único foco electoral. Por eso el enojo de algunos panistas con la dirigencia, pues teniendo dos prioridades fueron incapaces de supervisar a detalle la elección coahuilense.

Lo peor del asunto es que el panismo se lanzó contra la elección con la intención de anularla y por eso se levantó de la mesa en la que se contarían los votos (algo muy extraño, pues ni el Peje se levantó de la mesa en 2006 y tampoco tenía las actas), pero la autoridad le está dando un revés, pues todo parece indicar que si la anula, no podrían competir de nuevo los mismos candidatos (ni el del PRI ni el del PAN). Un desastre. Aquí cabe recordar que ninguna elección que se haya repetido (por lo menos en lo que se refiere a pleito del PAN con el PRI), ha resultado favorable para el blanquiazul; al contrario, siempre que quedan a poco de ganar la elección y logran que se repita, en la repetición les pone una tunda terrible.

El caso de Coahuila también muestra la enorme inconsistencia de los partidos políticos. Son ellos los que han definido las reglas que tienen que respetar para las elecciones. Hacen reglas estrictas que, piensan, los colocan como faros de la democracia, la legalidad y la transparencia. Pero hacen leyes imposibles de cumplir por ellos mismos. Deciden que nadie puede anunciarse más que ellos y, claro, ahora son víctimas de un vivillo que se aprovechó y se hace una promoción gigantesca sin que le cueste un peso. Se ponen unos topes de campaña que ellos no respetan; si no es lo que cuesta una campaña, ¿para qué los ponen? El Legislativo hace leyes que no pueden observar ni ellos.

Que las elecciones se hayan convertido en una competencia de dinero es culpa de esas mismas leyes que diseñan los partidos. Recuerdo que a inicios de 2009 –trabajaba en el CEN del PAN– explicábamos a un grupo de legisladores cómo haríamos la campaña federal de ese año. Muchos de ellos hacían preguntas lógicas: ¿por qué no hacen esto, por qué no hacen el otro? La respuesta invariable era: porque no se puede, la ley electoral lo prohíbe. Y les pusimos un cuadro comparativo de lo que ya no se podía hacer en México y en cualquier otro país sí. Muchos de ellos nada más movían la cabeza y veían con mirada de incredulidad, hasta que uno de ellos se animó y dijo lo que pensaban todos: “no mames que eso aprobamos”. Y en efecto, eso aprobaron. Lo peor es que le siguieron haciendo cambios.

Agradecimiento: Por esta vía agradezco a todos, lectores y colegas, por sus mensajes de solidaridad por la muerte de mi padre.

Twitter: @JuanIZavala

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