Opinión

Coahuila: entre la infamia y la alternancia

  
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Coahuila. (Cuartoscuro)

Como en otros tres estados, pasado mañana habrá elecciones en Coahuila. Serán para gobernador, ayuntamientos y diputados locales. En la antevíspera, se hace necesario decir algo sobre el tema. En especial sobre los comicios para la gubernatura, a pesar de lo difícil que resulta escribir sobre acontecimientos que aún no tienen desenlace.

Lo más esperado de estas elecciones de Coahuila es que produzcan la alternancia. Es decir, el relevo en el gobierno estatal de un partido por otro, después de permanecer el mismo grupo político en el poder por al menos durante nueve décadas. De las 32 entidades federativas del país sólo otras cuatro –ninguna del norte- no han tenido esta saludable experiencia política, tan ligada a la democracia.

Parece increíble que la tierra de Francisco I. Madero, a lo largo de casi un siglo, no haya tenido alternancia. Pero aún más increíble que ésta no se haya registrado a pesar de los pésimos gobernantes, en particular los de los últimos años, que literalmente saquearon las finanzas del estado, que aterrorizaron, engañaron, mintieron, reprimieron, compraron conciencias, hayan permanecido en el poder durante tanto tiempo. Y además simulando ser demócratas.

A pesar de los excesos que de otros estados hemos tenido noticia, todo parece indicar que los gobernantes coahuilenses, al menos en lo que va del siglo, son los verdaderos campeones de la arbitrariedad, el abuso y la rapiña. Y esto con los datos hasta ahora sabidos, pero con la información se llegue a conocer si la alternancia se consuma, se confirmará entonces, sin duda, que la infamia no tuvo límites.

Con pleno conocimiento de causa se puede afirmar, sin titubeo alguno, que durante el proceso electoral lo más deseado por la inmensa mayoría de los ciudadanos coahuilenses consistió en tener un cambio en el gobierno estatal. Así lo confirmaron durante los últimos meses la casi totalidad de las encuestas, al menos las más serias. Incluso así lo pusieron de manifiesto los propios candidatos del oficialismo priísta, al aprovechar cuanta oportunidad tuvieron a lo largo de la campaña al tratar de deslindarse del moreirismo; claro, procurando no ofender a sus patrones y jefes. Pero su actitud fue clara.

Si la alternancia se da, santo y bueno, misión cumplida. Coahuila ha llegado así a un momento estelar de su historia. Ahora será necesario consolidar este importante avance. Hay muchas tareas por hacer y numerosas metas por cumplir. Tener presente que alternancia no necesariamente significa transición a la democracia y menos aún la plena consolidación de ésta. No olvidar aspectos esenciales. Entre otros, quizá el más relevante, hacer que la legislatura estatal tenga la centralidad que debe tener. Que debió haber tenido para evitar la infamia que ahora empezará a ver su fin.

Si la alternancia no llega, a pesar de estar presentes, como nunca, todas las condiciones para lograrla, seguramente fue un efecto no deseado de haber dispersado entre tres candidatos el voto opositor. Pero si fue resultado de un efecto deseado, que desde luego no se afirma sino sólo se plantea como hipótesis, significará entonces que la infamia habrá adquirido otra dimensión y ensanchado sus límites. Es cosa de esperar menos de cien horas para conocer el desenlace de casi cien años de atroz autoritarismo.

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