Opinión

Coahuila: detrás de las cifras


 
A nivel estatal, las recientes elecciones ofrecen panoramas específicos de reorganización de las élites políticas y de redistribución del poder. En Coahuila el PRI hubo de pagar la factura de Humberto Moreira y su enfrentamiento con el PAN, aunque vio la consolidación del poder empresarial del PAN.
 
El candidato ganador a la alcaldía de la capital Saltillo Isidro López Villarreal representa los intereses del Grupo Industrial Saltillo, de arraigo tradicional y en los 70 involucrados en el sindicalismo independiente de sus empresas Cinsa-Cifunsa que provocó el endurecimiento represor del entonces secretario del Trabajo del gobierno de Echeverría, Porfirio Muñoz Ledo, por su alianza con la CTM de Fidel Velázquez.
 
En las pasadas elecciones el PAN se alió, sobre todo, con la Unión Democrática Coahuilense, una formación local con fuerza muy localizada en Ciudad Acuña y fundada por Evaristo Pérez Arreola, ex militante del Partido Comunista, fundador del sindicalismo en la UNAM y asesor político del presidente Carlos Salinas de Gortari, aunque luego también aliado de Vicente Fox en la campaña panista del 2000, y con paso por casi todas las fuerzas políticas.
 
El PRI, por su parte, sólo se alió al Partido Verde, pero con escasos resultados. Y hubo de pagar los platos rotos del ex gobernador Humberto Moreira, impulsado a la presidencia del PRI por el entonces gobernador mexiquense Enrique Peña Nieto en marzo del 2011 y renunciado en diciembre del mismo año. Moreira se enfrascó en una confrontación directa con el PAN. Como respuesta, el PAN fue el pivote para acorralar a Moreira con el tema del endeudamiento y la existencia de documentos falsificados que llevaron a una persecución penal de la PGR contra funcionarios locales de finanzas del gobierno y del SAT; a pesar de que el actual gobernador Rubén Moreira, hermano de Humberto, se deslindó del pasado, de todos modos tuvo efectos negativos.
 
Pero aún con el fardo del caso de Humberto Moreira, el saldo electoral no liquidó al PRI porque mantuvo 29 de 33 alcaldías, pero también ayudó al PAN con el estratégico ayuntamiento de la capital Saltillo, aunque con una diferencia de alrededor de 20,000 votos.
 
En cambio, el PRI mantuvo la alcaldía de Torreón, la ciudad casi con igual número de votantes que Saltillo, aunque localizada en la zona importante de la Laguna. El alcalde saliente de Torreón Eduardo Olmos tuvo la audacia de liquidar a los policías municipales por corrupción y alianza con el crimen organizado y meter a militares a luchar contra la delincuencia, sobre todo a partir del arribo del general Moisés García Ochoa a la comandancia de la XI Región Militar y luego de las malas experiencias de Humberto Moreira con militares en labores policiacas.
 
En términos generales el PRI mantuvo su votación de hace 4 años --por excepción fueron alcaldes cuatrianuales-- y el PAN subió más de 150,000 votos por su papel en el llamado moreirazo y su alianza con los grandes grupos empresariales. La ofensiva del gobernador Rubén Moreira contra la inseguridad contuvo un poco la caída.
 
El otro dato oculto en Coahuila, que también se notó en elecciones en otras plazas, fue el hecho de que el PRI recibió la orden de contener su aparato electoral para la amenaza del PAN y del PRD de abandonar el Pacto por México. En algunos estados y aún con el aparato electoral a medio vapor el PRI mantuvo posiciones, avanzó un poco y perdió algunas ciudades.
 
Las elecciones del domingo pasado, por el Pacto y las concertacesiones con el PAN, no aportan elementos para medir la distribución real del poder político del PAN, el PRI y el PRD en la república. Sin la carga del Pacto, las elecciones federales del 2015 serán la madre de todas las batallas electorales.
 
 
Twitter: @carlosramirezh