Opinión

Clima y energía

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Debido a los altos índices de contaminación atmosférica la comisión ambiental de la megalópolis decidió continuar la fase de precontingencia al menos hasta el sábado. (Cuartoscuro)

Si usted me ha hecho el favor de leerme de vez en cuando, sabrá que mi posición acerca del cambio climático no es muy popular. El cambio climático es algo constante, y es sólo el efecto humano sobre el mismo lo que está a discusión. Pero contamos con tan poca información y con modelos tan imperfectos que no creo que permitan conclusiones tajantes. Menos cuando esas conclusiones pueden tener costos muy elevados.

Por ejemplo, si uno compara las estimaciones que ha hecho el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, en inglés) en sus reportes, con lo que ha ocurrido ya, el IPCC ha sobreestimado continuamente el alza en temperatura. En su primer reporte estimaban un incremento de 0.3 grados C por década, que han reducido en otros reportes a 0.2 grados, pero hasta el momento el incremento, que sí existe, es de 0.1 grados. Los dos Niños grandes que hemos tenido (1997-1998 y 2015-2016) complican las mediciones, por cierto.

Puesto que se ha hecho cada vez más énfasis en el impacto del bióxido de carbono (CO2) en el alza de temperatura, para muchos el tema se limita a reducir las emisiones de este gas. Pero como 85 por ciento de la energía que utilizamos en el planeta produce CO2, la solución que se les ocurre es reducir el uso de energía. El costo de hacerlo puede ser muy alto, y la ganancia no es tan clara, porque no sabemos bien cuál es el impacto del CO2. No lo sabemos porque los modelos no son muy buenos, porque el clima es muy complejo. Y en condiciones tan poco claras, tomar decisiones tajantes, insisto, puede ser muy mala idea.

Como le comentaba ayer, cada año el mundo es más eficiente en el uso de energía, por lo que podemos producir más con menos consumo de energéticos. Puesto que en los últimos años ha habido un considerable aumento en la disponibilidad de gas natural, ese consumo de energía produce mucho menos CO2. De los tres combustibles fósiles que representan ese 85 por ciento de la energía mundial, el peor es el carbón, el petróleo es intermedio, y el gas es el menos contaminante. El puro cambio al gas, sumado a la eficiencia, nos ha dado como resultado que en el último año se produjo menos CO2.

También le comentaba que en los últimos 15 años el crecimiento de China, muy ineficiente en términos energéticos, implicó una reducción en la eficiencia. Con todo y eso, el incremento en CO2 en la atmósfera no supera las estimaciones originales del IPCC (1990). De hecho, andamos un poco abajo (402 partes por millón).

Pero esos 15 años han sido los más espectaculares en términos de reducción de pobreza en el mundo. Hoy, la pobreza extrema afecta a menos de 10 por ciento de la población, gracias a ese crecimiento que, como ve usted, no ha tenido un impacto climático tan severo como se imaginaba. Por eso creo que hay que evitar que el tema del clima se convierta en una religión y sus fanáticos estén dispuestos a quemar a los que pensamos diferente. La evidencia que tenemos indica que sí estamos contaminando de más, que eso no es bueno, pero que el impacto es mucho menor al que originalmente se pensaba. Más interesante aún, el avance tecnológico está terminando solo con el problema.

Se puede agilizar eso con políticas públicas, sin duda, y con inversiones inteligentes en el desarrollo de energías limpias. Pero detener hoy las economías con base en hipotéticas amenazas resultado de modelos sumamente imperfectos sería una pésima idea.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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