Opinión

Clave Única de Identidad

 
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robo de identidad

EL FINANCIERO comenzó la semana con un dato alarmante: en el primer trimestre de 2017 el robo de identidad en fraudes financieros creció 18 por ciento. La Clave Única de Identidad es una promesa desde hace 20 años. La ley que la creó pasó en el sexenio del presidente Zedillo, y van tres administraciones que prometen hacerla realidad e incumplen su palabra.

En el caso de Fox y Calderon, tuvieron que enfrentar el rechazo de la izquierda a esta iniciativa, que equivocadamente la tachaban de una medida de intromisión. También el IFE se mostró en contra de una clave única que sustituyera a la credencial de elector. Hoy ambos temas están saldados; de hecho, la Clave Única de Identidad fue una de las promesas del Pacto por México.

El tema parece menor, pero no lo es. Además de garantizar que nuestra identidad no podrá ser usurpada y usada maliciosamente, la herramienta es necesaria para políticas públicas que urge implementar:

Eficientar los programas sociales: mientras no tengamos un solo padrón de beneficiarios, sin duplicidades y bien dirigido a la población que realmente los necesite, tendremos un gasto poco eficiente e ineficaz en asistencia social y alivio de la pobreza.

Formalización de la economía: la clave única permitiría avanzar de manera más acelerada en que todos en México paguemos impuestos; la misma clave que se utilizaría para servicios médicos e inscripción escolar de un niño, se convierte en su registro fiscal una vez que es adulto.

Universalización de los servicios de salud: asimismo, en un sistema de salud fragmentado como el nuestro, la clave única ayudaría a corregir de manera más ágil esta situación, con expedientes clínicos digitales accesibles desde todos los sistemas, abasto de medicinas y atención médica.

Estos son sólo tres temas que requieren de la clave única. También en materia de seguridad pública, inclusión financiera, disminución de trámites burocráticos, entre otros, es indispensable contar con ella. Hoy el pretexto es que no hay dinero. Así, cada seis años habrá alguna 'razón' para no hacerlo, para perpetuar el estado actual de las cosas y proteger los grandes beneficios que ello implica para muy, pero muy pocos.

Twitter: @julio_madrazo

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