Estabilidad urbana en CDMX
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Estabilidad urbana en CDMX

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Estabilidad urbana en CDMX

05/12/2018

Con una agenda incierta, el desarrollo inmobiliario enfrenta retos múltiples en el corto y largo plazos. No se trata de resolver los polígonos de actuación, integrar una agenda inclusiva con la sociedad y reactivar la suspensión de permisos para nuevas obras en 11 alcaldías de la Ciudad de México (CDMX).

Lo que está por generarse es un movimiento que algunos urbanistas llaman la nueva forma de gestión con autoridades y la oportunidad de generalizar la conciencia respecto a la responsabilidad que implica construir en la CDMX.

Es un hecho, que el desarrollo de la última década ha permitido la integración de corredores como Reforma, Santa Fe, Insurgentes Sur y Nuevo Polanco.

Sin embargo, pese a dicha evolución, la ciudad tiene retos mayúsculos en materia de movilidad, redensificación con proyectos de vivienda accesibles, espacio público, restitución del tejido social y otros servicios urbanos (agua, luz, alcantarillado), que hoy le tienen al borde de un constante colapso.

Son distintas las razones que urgen resolver de manera integral. No sólo por los hundimientos, derrumbes, deslaves y hundimientos que se experimentan en distintas obras de tipo comercial, vialidades primarias y algunas secundarias. Todo esto es resultado de la aplicación de normas de construcción y de las fracturas que experimenta el suelo de la ciudad a partir del 19S del año pasado.

Desde octubre de 2017, el Centro de Geociencias (CGeo) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) dio a conocer el mapa de fracturas que afectan el territorio. Entre las causas mencionó la extracción de agua que evidenció las debilidades del subsuelo de 15 alcaldías, debido al estrés hídrico del subsuelo.

Por lo tanto, en el proceso de reconstrucción y el desarrollo inmediato la ciudad debe atender con una política urbana, normas y reglamentos un proceso que permita la continuidad al desarrollo vertical y de proyectos de gran dimensión.

Ir en sentido contrario, sólo profundizaría los problemas renombrados por expertos y vividos por los habitantes que atraviesan este territorio y el del área conurbada.

No se debe olvidar que la metrópoli vive una caída de 8.6 por ciento en la oferta de vivienda media, que en CDMX se concentra 80 por ciento del transporte para 11.5 millones de usuarios, que ante la ineficacia ha generado trayectos promedio al día de tres horas.

Por si eso no bastara, la falta de agua que mantiene polarizado el consumo en un rango que va de la sequía hasta un promedio de 800 litros diarios por hogar. El problema, evidenciado hace unos días con el programa de mantenimiento del Sistema Cutzamala, es cada día más crítico.

Pese a los 14 mil 560 millones de pesos anunciados de inversión en este aspecto, la demanda ha hecho insuficiente la capacidad del sistema de aguas y la sostenibilidad hídrica está comprometida, según un análisis promovido por la Universidad del Medio Ambiente (UMA) que sugiere la creación de políticas públicas para un mejor control de agua y sostenibilidad del vital líquido.

Por este y otros aspectos, es relevante incrementar la participación de organismos camerales y algunas instancias como la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios (ADI), que en su próxima gestión liderada por Enrique Téllez Kuenzler, tiene como área de oportunidad mantener el vínculo que haga factible un nuevo proceso con autoridades.

Si bien, deben aplicarse sanciones a quienes saltaron o excedieron lo dispuesto por la ley, en el negocio del real estate, existen distintos desarrolladores que histórica e independiente a la filiación política, han aportado de manera constructiva al rostro que hoy vemos en la Ciudad. Este último grupo, seguro podrá cumplir con los requerimientos que normen la edificación en los años por venir.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.