Opinión

Clases medias sacrificadas


 
 
La reducción de las clases medias en Alemania, como en toda Europa y en Estados Unidos, es un costo que pagan esos países por el énfasis puesto en la competitividad mercantil.
 
 
Economías como la alemana y varias más entre las más importantes, han refrenado las alzas salariales como un recurso para sostener su competitividad.
Todos los estudios recientes de organizaciones internacionales como la OCDE, el FMI y la Comisión Europea coinciden en destacar la disminución general de la participación de los salarios en el valor agregado de los países ricos.
 
 
La contribución más reciente es de la OCDE, con su último Panorama del Empleo en el que plantea los motivos de la "participación cada vez menor del trabajo" (OCDE, 2012).
 
 
Señala el organismo que entre 1999 y 2011, la productividad laboral promedio en las economías desarrolladas aumentó el doble que los salarios. Esa tendencia tiene, en realidad, varios lustros más.
 
 
En Estados Unidos, por ejemplo, la productividad laboral real por hora en el sector empresarial no agrícola subió 85% desde 1980, mientras que la remuneración real por hora aumentó sólo 35%.
 
 
En Alemania, la productividad de los trabajadores creció cerca de 25% durante las 2 últimas décadas, mientras que los salarios reales se mantuvieron sin cambio durante todo el periodo.
 
 
El efecto ha sido una distribución del ingreso que ha engrosado las capas más bajas de la sociedad, a costa de la reducción de las clases medias. De ahí que por ejemplo, el 65% de los alemanes pertenecía a clase media en 1977 y ahora solamente está en ese estrato el 58%. Se clasifica como clase media a las familias cuyo ingreso se ubica entre el 75 y el 150% del ingreso medio nacional. El ingreso por persona en Alemania es de 36,800 dólares, poco menos de medio millón de pesos anuales.
 
 
El efecto económico es la pérdida de poder adquisitivo de las clases medias, que son de importancia crucial para la economía de cualquier país capitalista, aunque no es el único problema que plantea su empobrecimiento.
 
 
A mayor tamaño de las clases medias, menor desigualdad y mejores gobiernos.
 
 
El tamaño de las clases medias es un indicador inequívoco del grado de igualdad social. Donde esa capa social es gruesa, su influencia ideológica y política se plasma en las estructuras institucionales del Estado, por lo general favorables a los derechos humanos, la solidaridad social y las libertades.
 
 
Cuando esas clases viven con miedo de que sus ingresos bajen más aún y ya no puedan ascender socialmente, van desapareciendo la solidaridad social y la estabilidad que dan las políticas que generan las expectativas de ascenso a social.
 
 
Eso es algo de lo que está pasando en Europa: creciente genofobia, discriminación y miedo a la vista de la pobreza. El desprestigio de gobiernos, de instituciones como los partidos y de políticas públicas que cunde por varios países europeos, tiene casi todo qué ver con el descontento de las clases medias.
 
 
Olaf Groh-Samberg, titular de cátedras como 'Estado benefactor, inequidad y calidad de vida' en la Universidad de Bremen, considera que la clase política alemana tiene su mayor desafío en hacer que la clase media vuelva a ser una meta alcanzable. Angela Merckel, la primera ministra, se refirió a ello recientemente.
 
 
El desafío es mayúsculo en tiempos en que el Estado benefactor europeo está siendo neutralizado en sus capacidades para afrontar el surgimiento de inequidades y nuevas formas de inseguridad.
 
 
Lo que importa más a los gobiernos es que las inversiones, la producción y el empleo crezcan, objetivos esquivos cuando al mismo tiempo se trata de abatir costos del trabajo y de la seguridad social en aras de la competitividad.