Opinión

Claroscuros de la solidaridad

 
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Protesta

El terremoto afectó no solamente la infraestructura física y ocasionó el colapso de inmuebles con la muy lamentable pérdida de vidas. El sismo ha dejado expuestas también tanto la solidez como las grietas de las estructuras que como sociedad hemos construido.

La solidaridad se hizo patente de manera inmediata, la gente se volcó generosamente al auxilio, al control del tráfico, a la remoción de escombros, a la instalación de centros de acopio, al rescate.

Mas la magnitud de la tragedia ofreció también una veta tentadora para el protagonismo, la astucia y el oportunismo. La manipulación mediática se hizo presente, el reality show explotó la angustia y la calamidad en pos del rating, se acalló la crítica y el cuestionamiento. No faltó, desde luego, la rapiña, el desvío de la ayuda y el lucimiento personal.

Lo mejor y lo peor de la condición humana hicieron su aparición tras el cataclismo. Las redes sociales fueron el eficaz recurso de comunicación y organización de la comunidad, de rechazo a los protagonismos y de denuncia del uso del desastre para lucro e imagen revestidos de altruismo.

Las réplicas de la hecatombe continúan, se multiplican las organizaciones sociales, honestas unas, utilitarias otras. Se acentúa la demanda ciudadana para el resarcimiento de sus pérdidas y la exigencia de castigo a quienes resulten responsables. Tras el duelo, aflora el sentimiento de agravio, buscando cobrar facturas, aún sin saber a quién.

De pronóstico reservado todavía, la repercusión que en el ambiente político tendrá el sismo, entrados al proceso sucesorio de 2018, toda vez que se ofrecen amplios espacios al usufructo de la desgracia, de las necesidades y de la frustración.

La vuelta a la normalidad es compleja y lenta. La solidaridad mostrada en un inicio irá diluyéndose paulatinamente, al tiempo que la demanda de los damnificados se acreciente: valioso arsenal para nutrir las promesas en periodos electorales. 

Correo: grhhuizar@gmail.com

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