Opinión

Clarke deja a la NSA sin cambios de fondo


 
Ya se esperaba. El informe con recomendaciones a Barack Obama para limitar el espionaje electrónico no podía ser distinto de lo que vimos el miércoles, sobre todo cuando el grupo “independiente” que lo elaboró fue coordinado en los hechos por James R. Clapper, director de Inteligencia Nacional.
 
 
Formado por ex integrantes del vasto aparato de espionaje estadounidense, especialistas y académicos cercanos a la Casa Blanca, el Grupo Presidencial de Supervisión de la Inteligencia y las Tecnologías de la Comunicación, emitió casi medio año después de que estallara el escándalo de la vigilancia en masa, gracias a Edward Snowden, un volumen de 300 páginas y 46 sugerencias, que en la práctica no limitarán las actividades de la omnipresente Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y sus corporaciones hermanas.
 
 
Veamos: Se restringiría el espionaje contra líderes foráneos, pero no se prohibiría. Se negaría al gobierno federal la facultad de intervenir y archivar los telefonemas privados de los estadounidenses, pero en cambio, los registros serían puestos en manos de una entidad privada, posiblemente vinculada a las telecomunicaciones (¿Como Verizon, una de las firmas más comprometidas con la NSA?)
 
 
Cartas
 
También se ordenaría a la FBI obtener un permiso judicial para emitir sus “cartas de seguridad nacional”, con las que dicha agencia obliga a las compañías de Internet como Facebook y Google a darle acceso indiscriminado a los datos privados de sus clientes. Y se prohibiría a la NSA “presionar” a las mismas empresas para crear “puertas traseras” en sus programas que faciliten el espionaje, mientras que Washington se comprometería ––es un decir–– “a no subvertir, socavar, debilitar o hacer vulnerable” los sistemas comerciales de encriptamiento.
 
 
Como es evidente, se trata de recomendaciones que rayan en la ingenuidad, encaminadas a convencer al gran público estadounidense de que el gobierno federal, siempre sospechoso, se inmiscuye en su vida íntima.
 
 
Podría haberse esperado más de Richard A. Clarke, miembro de la comisión y ex asesor antiterrorista de la Casa Blanca en los años ochenta y noventa, quien tuvo el valor de exhibir al régimen Bush en 2004 por las mentiras con que funcionarios como Condoleezza Rice manipularon los atentados del 11-S para invadir a Irak.