Opinión

Clara Sofía y los migrantes

Clara Sofía acaba de cumplir 18 años. Los cumplió el pasado 6 de octubre en la Casa del Migrante de Saltillo, lejos del confort de su casa en Guadalajara.

A los 18 años escribe con una sencillez exquisita, con una delicada fuerza, con una convicción juvenil profunda y conmovedora.

Escribe sobre el drama migrante, lo que ve, lo que escucha, lo que siente. Desde su corazón e inteligencia, escribe de su asombro, de su miedo, de su pasmo frente a la tragedia que atestigua.

Hace meses, la maestra Carmen Ross, integrante del equipo que diseñó la licenciatura de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y maestra de diversas materias vinculadas a la palabra, me contó que Clara Sofía, hija de su sobrina Alejandra, había decidido irse de su casa con otros jóvenes como integrantes del Voluntariado Jesuita.

Carmen agregó un dato para mí estremecedor: Clara Sofía y otros estudiantes del Instituto de Ciencias, habían leído mi novela
Amarás a Dios sobre todas las cosas, que relata la odisea de los migrantes centroamericanos a través del territorio mexicano, y habían decidido prestar servicio a los migrantes durante un año.

Clara Sofía acumula apenas tres meses de ver de frente el sufrimiento de los migrantes centroamericanos, pero por sus textos es claro que absorbe con alma sensible cuanto observa y vive.

Sin presunciones ni complicaciones, relata lo que, al pasar ante sus ojos, se aloja en su sensibilidad.

Reproduce con naturalidad el lenguaje de los migrantes y da voz a sus dolores, a la injusticia que padecen, al abandono en el que los hemos dejado.

Gracias a su tía y a su mamá, pude preguntarle qué tuvo que dejar para ir en busca de la experiencia migrante. Y esta es su respuesta:

“¿Qué tuve que dejar para venirme? A mí misma. Todos mis apegos y las personas que me rodeaban eran en ese entonces lo que yo era. Dejé a las personas que he amado por mucho tiempo y a los lugares que llegué a llamar hogar. Dejé a la Clara Sofía de Guadalajara que soñaba con cambiar al mundo para ser quien soy ahorita. Dejé todo lo que me hacía ser yo para dejarme transformar por hombres y mujeres valientes y llenos de amor por su vida.”

Dejó todo eso, pero al dejarlo voló. Ella no sabe que vuela porque no se despega de la tierra; más bien ha aprendido a vivir en ella a través de lo que enfrenta cada día.

Sé que Clara Sofía no busca reconocimientos, pero ya tiene el mío. Y mi mayor admiración y aprecio.

Si usted quiere saber sobre migración y migrantes, hay mucho estudios, artículos y documentos diversos en los que puede encontrar valiosa información. Pero si usted quiere no sólo saber sino sentir, si quiere saber lo que significan desamparo y fortaleza, vulnerabilidad y valentía, crueldad y bondad, tómese unos minutos y lea el blog de Clara Sofía: amoralignorado.

Se sorprenderá del inimaginable dolor que padecen los migrantes y de su invencible ánimo para seguir en el camino.

Y se sorprenderá de lo que es capaz de hacer y de escribir una jovencita de 18 años que decidió dejar su casa por un año para comprender, ayudar y servir a los desamparados.