Opinión

Ciudad sin ojos

 
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Tláhuac

Pese al notable incremento de crímenes relacionados con la distribución de drogas, homicidios, secuestros, violaciones, extorsiones o robos de cualquier tipo que se padecen en prácticamente todo su territorio, apoltronada en su discurso, la autoridad capitalina niega vehementemente la existencia de cárteles del crimen organizado en la CDMX.

Sin embargo, las condiciones de Tláhuac, que demandaron la intervención de fuerzas federales, dan cuenta de una realidad distinta, que evidencia la operación, de amplio espectro, por parte de poderosos grupos delictivos, cualquiera sea la denominación que se les asigne y aunque las autoridades locales no tengan ojos para verla.

No obstante el amplísimo despliegue de la fuerza policial más numerosa y costosa del país, tal pareciera que el Leviatán local carece de los elementos funcionales mínimos para ver y oír lo que sucede en el entorno criminal en una de las ciudades más grandes y complejas del orbe, donde, por razón natural, se ofrece un generoso mercado a la actividad delictiva.

Obviar las características de una ciudad como la de México, su extensión metropolitana, sus recursos, carencias y dinámica social, pretendiendo generar la impresión de que el crimen organizado se detiene mágicamente en sus fronteras, resulta no sólo iluso sino impertinente y sospechoso. La CDMX constituye, desde muchos puntos de vista, un valioso y tentador botín: político, económico, social y criminal.

Sin ojos ni oídos en el aparato gubernamental, o atrofiados los sentidos por la aspiración política, el interés mediático, la corrupción y la impunidad, no sólo se carece de medios para percibir la realidad, para escuchar la demanda social y atender sus más elementales reclamos, sino que se cae en una espiral ruinosa de la cual sólo puede salirse con acciones extremas y dolorosas.

La eliminación del líder del cártel de Tláhuac, lejos de tranquilizar, amedrenta.

¿Cuántos más y dónde están?

Correo: grhhuizar@gmail.com

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