Opinión

Cinismo verdaderamente ofensivo

 
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Enrique Peña Nieto

Esta frase no es mía, la tomo prestada de un profesor del ITAM que hace muchos años la dijo en una clase para sorpresa de varios de sus alumnos. Hoy la retomo porque muchas situaciones coyunturales de este país merecen ese mismo calificativo. Basta abrir el periódico, ver las noticias o darle una vuelta a Twitter, para ver y oír declaraciones lamentables, declaraciones de un cinismo verdaderamente ofensivo.

Desafortunadamente no se acotan a un solo ámbito, están presentes independientemente del espacio del que se hable. “La Conade es una agencia de viajes” dijo Alfredo Castillo, su titular, en una entrevista añadiendo que la Conade no tiene ninguna responsabilidad en el rendimiento de los atletas. Curioso entonces que las siglas se refieran a la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte. Cualquiera pensaría que una comisión con ese nombre tendría la responsabilidad de encontrar el talento deportivo en el país y fomentarlo. Pero el titular de la dependencia abusa de las palabras y menosprecia la importancia del organismo que preside. No es la única declaración que ha hecho sobre el tema. Ante el pésimo desempeño de los atletas mexicanos en los Juegos Olímpicos, él mismo expresó que el éxito no se mide en medallas. Tal vez tenga razón. Habrá que preguntarle a Phelps.

Me imagino que en cuanto terminen estos juegos se exigirán renuncias, veremos comisiones que investigarán el uso que la Conade la ha dado a los recursos que recibe, escucharemos declaraciones de lo importante que es el deporte nacional y que ahora sí, ya en serio, se empezarán a preparar para los siguientes juegos en Tokio en 2020. Este es un tema que, desafortunadamente y dada nuestra mala memoria, se nos olvidará en un par de meses.

Pero las declaraciones cínicas están en todos lados. Esta misma semana el presidente de México, Enrique Peña Nieto, aceptó que uno de sus amigos le hizo el favor de pagar el predial del departamento de su esposa en Miami. Todos tenemos vecinos y amigos, de ahí a que paguen el predial de los inmuebles que ocupamos hay una enorme diferencia. Me parece que sobra explicar por qué esta declaración es cínica. El presidente y sus colaboradores cercanos han estado envueltos en más de un escándalo de corrupción y de conflictos de interés. Decir que todos tenemos amigos y vecinos, sugiriendo una normalidad en este tipo de favores, tratándose de la investidura que tiene, me parece de un cinismo verdaderamente ofensivo. Pero, de nuevo, algo sucederá en los próximos días, y este tema también se nos olvidará y otro ocupará la agenda mediática y nuestra memoria de corto plazo.

“Nos quieren inundar con malas noticias” dijo ayer el presidente. No lo creo. De hecho, creo exactamente lo contrario. Todos los que tenemos un espacio estamos ávidos de buenas noticias, queremos hablar de las cosas buenas, de los logros que tiene el país, de los avances.

No hay que confundirnos. Las buenas noticias son el resultado de hacer extraordinariamente bien el trabajo que nos toca hacer, sea el que sea.

No sobra el adverbio. Para que sea una buena noticia, debe de ser extraordinario. Hoy en día se percibe como buena noticia cualquier resultado positivo del trabajo que hacemos. México podría haber estado festejando alguna que otra medalla, pero esas medallas sólo se hubieran logrado con años de trabajo bien hecho. Para el titular de la Conade -la agencia de viajes- claramente las medallas no son un objetivo. Tal vez como agencia de viajes hizo bien su trabajo, no lo sé.

Me gustaría hablar de cómo se ha logrado controlar el déficit público, me encantaría escribir sobre cómo los programas de transferencias han sido eficaces para disminuir la pobreza, sobre cómo hemos aprendido las lecciones del pasado y cómo ya sabemos gastar de forma eficiente los recursos públicos. Me gustaría decir que ahora sí veo un compromiso claro para atender los conflictos de interés y enfrentar la corrupción.

Pero los noticieros, los periódicos y las redes, nos confrontan diariamente con el cinismo de varios personajes de la vida pública del país. Al presidente le preocupa el mal humor social. Tiene razón. El mal humor afecta el desarrollo de la economía, como lo sugería Keynes. Algo tendrían que entender nuestros gobernantes: el cinismo no mejora el humor de la sociedad, lo empeora.

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter: @ValeriaMoy

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