Opinión

Cinismo hasta con la infancia

El respeto por la infancia debe ser una prioridad de cualquier Estado, y tiene que practicarse exenta de demagogia y de utilización partidista de la niñez. Eso no ocurre en México.

Todo indica que el menor Luis Alberto Tehuatlie murió en una manifestación en Chalchihuapan, Puebla, producto del impacto de una bomba lacrimógena que le pegó en la cabeza.

El policía que lo hizo debe ser castigado porque las bombas lacrimógenas, para controlar manifestaciones violentas, deben lanzarse al piso para evitar accidentes mortales como el que ocurrió.

Pero también deben ser castigados los que llevaron a ese niño a una manifestación que sabían que iba a ser violenta.

Los manifestantes iban armados de palos y cohetones, e iniciaron la agresión contra la policía. Eso está más que probado.

¿Qué esperaban? ¿Que los policías se cruzaran de brazos y pusieran la otra mejilla mientras los vándalos se ensañaban con ellos a golpes, palos y pedradas?

Eso ocurre con frecuencia en el Distrito Federal, donde manifestantes violentos agreden a la policía, y cuando ésta intenta repeler la agresión, entonces surge un coro de voces en los medios de comunicación que condena la actitud de la policía por no dejarse golpear ni humillar.

En Puebla tiene que saberse quién o quiénes llevaron a ese niño de 13 años a una manifestación en la que deliberadamente se llevaba la intención de agredir a la policía, como efectivamente ocurrió.

Quienes llevaron a ese niño violaron sus derechos, lo usaron como escudo humano y deben pagar por su actitud criminal hacia la infancia.

Otro ejemplo. Enorme escándalo hubo hace unos días en el Distrito Federal porque la policía revisó parejos, a niños y adultos, en el desfile del 16 de septiembre.

¿Dónde está el delito? Dice el director de una ONG de derechos de la infancia que “de ese modo las autoridades federales violaron los derechos a la intimidad, privacidad, integridad y dignidad de los infantes”.

Con esa lógica, el argumento también sirve para los adultos que fueron revisados previo al desfile.

En los estadios sucede lo mismo. Se revisa parejo que nadie lleve objetos prohibidos al lugar donde se congrega una multitud.

Esas medidas se toman porque hay cobardes que guardan entre las ropas de los niños bolsas de plástico con bebidas embriagantes (en el caso de los estadios), y en las grandes aglomeraciones, como es un desfile militar, puede darse el caso que se quieran ocultar objetos explosivos en las bolsas de un niño.

Resulta mucho menos traumático, unos ligeros toques entre las ropas, que después lamentar un atentado como los que han ocurrido en otros lugares públicos del país, también en fiestas patrias.

Por eso es tan molesta la demagogia de los que se dicen defensores de los derechos de la infancia, pero nada dicen de los manifestantes violentos que usan a los niños como escudos en marchas en que se agrede a la policía.

Su defensa de los derechos de los niños es falsa. Son los que apoyan las huelgas de maestros en Oaxaca que dejan a millones de niños sin acceso a la educación por largas temporadas.

A esos fariseos no les preocupa el derecho a la educación de los niños cuando los maestros, que son de su corriente política, cierran con candados las escuelas o golpean a los otros maestros que sí quieren dar clases.

Mucho cinismo como para quedarse callado.

Twitter: @PabloHiriart