Opinión

Cientos de alcaldes

 
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San Telmo.

Una manga de vientos cruzados trajo el otoño a Buenos Aires. El veranito, como le llaman los bonaerenses a los 28 grados otoñales de estos días cedió sus calores a la lluvia (Gil nunca usará la palabra pertinaz). Por la noche, el viento se cuela por puertas y ventanas diciendo secretos y verdades (lo que se llama poetry). Gamés recordó el título de la novela de Onetti: Dejemos hablar al viento. Basta de lirismo. El fin de semana se juega la final de futbol: Boca vs. River. La Bombonera se prepara para un duelo a muerte. Dicen los taxistas, esos periódicos amarillistas de las ciudades, que al barrio de La Boca no hay que ir, ni de día ni de noche. “Lio no voy. Ni aunque me paguen con un costal de guita. Por un lado te pagan, por el otro te quitan la paga. Lio no voy”.

El taxista efusivo gritaba alarmado, como si le acabaran de robar el coche. La Boca, jurisdicción de San Telmo, nació en las barracas que se usaban para almacenar productos, salar carnes, curtir cueros. En esa zona se abrieron las pulperías, a donde llegaban los marineros. Crecieron los astilleros y almacenes navales. Onetti, algunos cuentos de Borges, cierta entonación de Lugones, se entienden mejor pensando en las pulperías y los astilleros, en ese laberinto de pobreza nació el lunfardo, la jerga portuaria y tanguera de Buenos Aires. Basta de cápsulas informativas.

San Telmo

Gamés arrancó a caminar detrás de la Casa Rosada. Por cierto, Gil sigue sin entender por qué se ha prohibido la importación de libros. Siempre en su riguroso carácter de incógnito -se facilita ir y venir en el anonimato si no te conoce nadie-, le preguntó a un editor argentino. La respuesta fue simple y llana: “Porque la Cristina está loca. Por eso. Se ha descompuesto”.

Gamés caminó por San Telmo, antiguas calles coloniales que habitaron los trabajadores portuarios. Las casonas fueron convertidas en conventillos o casas de alquiler, como las vecindades o las casas de taza y plato de la ciudad de México. Basta de erudición. Mju.

Gilga se dirigió a la Feria del Libro y el estand de México. Ocurrirían al menos dos apariciones interesantes: “Diálogos entre México y Sur: José Bianco y Octavio Paz”, una charla de Boderlois y Cozarinsky, y otra conferencia sobre el Templo Mayor a cargo de Eduardo Matos Moctezuma. Si Gamés tuviera ciencia, paciencia y conciencia se habría quedado a escuchar a tan dilectos conferencistas, pero había que comprar más libros, y una maleta para meter los libros y un cargador porteño que empuje la maleta. Basta de desprecios clasistas.

La reforma al DF

Gamés se estrelló contra la nota de primera plana de todos sus periódicos mexicanos: se acaba el DF y persiste, autónoma, la ciudad de México. Probablemente Gilga ha leído en Buenos Aires una de las noticias más importantes de su vida. El Senado aprobó la reforma del DF.

Gil lo leyó en su periódico Milenio en una nota de Angélica Mercado y Omar Brito: después de 30 años de intentos frustrados, el Senado aprobó y turnó a la Cámara de Diputados la reforma política del Distrito Federal que lo convertirá en la entidad 32 del país con su primera Constitución a partir de enero de 2017. La ciudad de México será autónoma y sede de los poderes federales.

¿Dónde vivirá Gamés? ¿En un estado, una ciudad, una alcaldía, un superama, un café? Vivo en el Café Distrito Federal. No se vive mal, un poco estrecho a veces, pero no hay manifestaciones de los antorchistas. Nadie lo sabe por la sencilla razón de que aún no ha sido explicada la reforma. Resulta que habrá alcaldes a granel. Entrados en gastos, Gilga quisiera ser alcalde de sí mismo y pretende que lo llamen así: El alcalde Zalamea; sí, un encontronazo entre el individuo y el poder político. Se equivocan quienes piensan que el autor de esa obra es Felipe Calderón de la Barca. El chiste es malo, pero la confusión es mayor. En fon. Gil persiste en Buenos Aires.

La máxima de Jules Renard espetó dentro del ático bonaerense de las frases célebres: “Comer bien, dormir bien, ir donde se desea, permanecer donde interese, no quejarse nunca y, sobre todo, huir como de la peste de los principales monumentos de la ciudad”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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