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Científicos

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Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil recordó el apotegma con el que tía Eduviges enfrentaba a la realidad: “lo creo, pero lo dudo”. Resulta entonces que todo lo que se sabía sobre la siniestra noche de los desaparecidos de Iguala y el basurero de Cocula es un embuste. Con la pena, pero hay muchos que lo creen: la versión oficial es toda una mentira hecha y derecha.

Dos científicos, Jorge Antonio Montemayor Aldrete, doctor en Ciencias Físicas por la UNAM, y Pablo Ugalde Vélez, maestro en Ciencias de Materiales e investigador de la UAM Azcapotzalco, han hecho una espectacular aparición. Los científicos de marras confrontan la interpretación del procurador Jesús Murillo Karam. Si Gil ha entendido bien, cosa improbable, el informe del procurador, según estos científicos, es un engaño de rotundidades perversas.

Montemayor Aldrete ofreció una conferencia de prensa en el Centro de Investigaciones en Ciencias y Humanidades de la UNAM. El científico mostró fotografías del basurero de Cocula, reproducciones por cierto de periódicos pues el científico nunca salió de su laboratorio para estudiar y obtener pruebas en el lugar de los hechos. Qué raro científico.

En esas fotografías puede observarse vegetación exuberante. Montemayor Aldrete recordó que el procurador dijo que la hoguera de cuerpos habría alcanzado los mil 600 grados centígrados y explicó: “en menos de dos meses en ese terreno no puede crecer nueva vegetación y el terreno tendría que estar dañado por el nivel de calor que en teoría se alcanzó”. Todo este cuento lo leyó Gilga en su periódico La Jornada, en una nota de Emir Rodríguez Alonso.

Pruebas contundentes

Gamés admite que si no se tratara de una tragedia, la exposición de los científicos sería para dar dos machincuepas y caer al piso a carcajadas. La nota de Olivares Alonso afirma que “un análisis científico –elaborado a partir de las leyes de la termodinámica o de la conservación de la materia– indica que debido a que se trata de una barranca, los criminales tuvieron que bajar arrastrando los cuerpos de los normalistas –la versión oficial señala que algunos ya iban muertos–, por lo cual habrían quedado sobre el terreno restos de ADN, como sangre, cabellos, hasta piel pues pudieron chocar con rocas o sufrido raspones”. ¿Y si los aventaron desde lo alto? A este científico se le olvida también que la escena ocurrió en un basurero enorme, repleto de cientos de toneladas de desperdicios.

Para llegar a esta interesantísima conclusión, Montemayor Aldrete se ha servido de las leyes de la termodinámica y de la conservación de la materia, ni más ni menos. A esto le llama Gamés investigación científica de altos vuelos. Caracho, la NASA le ofrecerá chamba a este científico de fuste y fusta. Gil no se queda atrás: hace poco, ayudado por la teoría de la gravedad, descubrió por qué resbaló y dio el zapotazo. Gilga no se anda por las ramas, él usa la ciencia dura y directa. Montemayor Aldrete y Gamés hacen honor a la sentencia clásica: “ciencia, impaciencia, inconsciencia”, o ¿cómo era?

Total de totales: que para que los cuerpos de los normalistas fueran quemados en el basurero de Cocula se habrían necesitado 995 llantas y dos tremendos camionazos para llevar leños y, desde luego, “de un pedido especial para comprar ese lote”. Buenas tardes, ¿me puede mandar al basurero de Cocula un tráiler con 33 toneladas de leña? Sí, acá pagamos, en efectivo. Damos buenas propinas. Es que de veras.

O sea, según los científicos, los cuerpos de los normalistas no fueron quemados en Cocula. De paso estos amigos de la verdad se han ofrecido como peritos técnicos para apoyar a los padres de familia de los normalistas desaparecidos. Y listo, pasan a formar parte del equipo de los buenos, de los héroes que han descubierto una conspiración.

Cosas raras

Oigan esto: si los normalistas no fueron sacrificados y quemados en Cocula, dónde rayos los incineraron. Muy fácil y muy terrible: en modernos hornos crematorios del Ejército. De modo que de nuevo hay un adversario. Gil se llevó los dedos índice y pulgar al nacimiento de la nariz y meditó: ¿en qué cabeza caben estas hipótesis demenciales? Pues en la cabeza de chorlito de dos científicos y en la cabeza intrigante de los grupos violentos de Guerrero.

El corazón simple de Gamés pregunta al cielo: ¿por qué si hay un informe pormenorizado, con una reconstrucción de los hechos, testigos, declaraciones de participantes detenidos y un sinfín de pruebas, por qué creer en los dichos de dos científicos que no han puesto un pie en la escena del crimen? La respuesta es sencilla: primero, por estúpidos; después para que la violencia y el chantaje crezcan como un enorme globo, que por cierto un día reventará. Esto también lo sabe Gamés por las leyes de la termodinámica y de la conservación de la materia. ¡Oh!, sí.

La máxima de Aldous Huxley espetó dentro del ático de las frases célebres: “Una verdad sin interés puede ser eclipsada por una falsedad emocionante”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX