Opinión

Chuayffet, sin liderazgo, un obstáculo para la reforma

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Emilio Chuayffet. (ilustración)

El secretario de Educación no acaba de asumir su responsabilidad: él es el encargado de operar la reforma educativa.

Ayer preguntó a los legisladores quién es el patrón de los maestros. Él es el patrón del sistema educativo nacional.

Con formalismos llevados al extremo elude asumir su tarea en la reforma educativa, quizá el principal logro de la presidencia de Peña Nieto y del Congreso.

Esa reforma es un triunfo de la sociedad. Una conquista destinada a superar la calidad de la educación. Se trata de un esfuerzo extraordinario de concertación política destinado a evitar que generaciones completas de estudiantes se desperdicien por falta de profesores preparados.

Emilio Chuayffet no lo entiende así, y se ha convertido en un obstáculo para la reforma educativa.

Cuando debe decidir, titubea. Cuando debe actuar, se excusa. Cuando debe liderar, se enreda.

El titular de la SEP le sigue mandando los cheques a los maestros que faltan a clases por andar en movimientos contra la reforma y boicotean los exámenes de evaluación y promoción para docentes.

La reforma educativa necesita liderazgo, y en Chuayffet no lo hay.

Sólo tiene juegos de palabras para justificar lo injustificable, o para posponer decisiones que de tanto darle vueltas van a llegar tarde.

Ayer el magisterio de Morelos comenzó a decir que tampoco quería evaluación docente. ¿Por qué si Oaxaca y Michoacán la rechazaron y no pasó nada, nosotros tenemos que someternos a la prueba? Es su lógica.

A esa lógica da lugar el formalismo de Chuayffet, que quiere que el Congreso le ordene que no mande los cheques a los faltistas y saboteadores.

Es cierto que con la descentralización de 1992 los gobiernos de los estados son los interlocutores directos del sindicato de maestros, y pagan la nómina magisterial.

Pero es la SEP la que manda los cheques a los institutos estatales de educación.

Si los maestros no dan clases porque no se quieren evaluar, y los gobernadores les siguen pagando, quien tiene la llave del dinero es el secretario de Educación Pública federal.

Chuayffet quiere que el Congreso le ponga por escrito que puede retenerle el cheque a los gobiernos estatales incumplidos.

Se trata de un simbolismo bastante parecido al lavado de manos de Poncio Pilatos.

Si las cosas fueran tan rígidas como las plantea Chuayffet –para no comprometerse con una decisión–, ¿cuál sería el mérito de su dependencia en la reforma educativa? Ninguno, pues todo correspondería a los “patrones directos” de los maestros, que son los gobernadores de los estados.

En la SEP se necesita un líder que entusiasme al país con la reforma educativa, que convenza, que exhiba la debilidad de los argumentos de los que frenan la reforma. Y que tenga la decisión de cerrar la llave del dinero a quien no se lo gane.

Twitter: @PabloHiriart

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