Opinión

Chocolates y reformas

Hace un par de días la ciudad de México sufrió nuevamente. Ahora, personas inconformes con la nueva versión de Hoy no Circula  decidieron bloquear vías principales en el sur. Después de varias horas de colapso, vino la negociación y, según la prensa, hubo un acuerdo con el gobierno de la ciudad para flexibilizar la medida.

Hay mucho que analizar. Primero, la excusa de la libertad de expresión para chantajear, que es lo que se hace en México desde hace décadas. No hay manifestaciones públicas porque no haya espacios para expresarse, sino porque de esa manera se puede obligar a la autoridad a modificar sus decisiones. Los rehenes son los habitantes de la ciudad de México. Funciona, y por eso se sigue usando. Cabe mencionar que en los países civilizados la diferencia entre expresión y chantaje es mucho más clara, y a quienes intentan chantajear se les trata como lo que son, chantajistas, no ciudadanos en busca de expresión.

Segundo, la medida que se anuncia es extraña, porque se penaliza a los automóviles por su edad, y no por su efecto contaminante. No hay duda de que hay correlación entre ambas cosas, pero si se puede medir lo que importa, que es el impacto, no queda claro por qué usar la edad como aproximación. Imagino que porque muchos autos viejos ni siquiera tienen placas, ni mucho menos verificaciones, pero eso se debería resolver de otra manera. Una medida que no quiere entrar a fondo en el problema abre entonces espacio a quejas de la población, y legitima el chantaje mencionado.

Tercero, la edad de los autos como indicador de su impacto ambiental me parece que esconde uno de los problemas más serios de política pública de este siglo: los autos chocolates. Aunque desde hace mucho se permitía el ingreso al país de autos usados de Estados Unidos, su circulación se restringía a la franja fronteriza. Sin embargo, a partir de la crisis de 1995 esto empieza a “flexibilizarse”. Rápidamente aparecieron organizaciones populares, la mayoría campesinas o de ambulantes, que aprovecharon la circunstancia para ganar dinero y construir poder político. Lo lograron, y presionaron para ampliar el fenómeno.

El círculo vicioso de flexibilidad-chantaje-flexibilidad ha dado como resultado que hoy tenemos millones de unidades en condiciones desastrosas, con lo que hay mucho más tráfico y contaminación que antes. Además, los chocolates son adquiridos sobre todo por quienes están en la economía informal, porque no tienen acceso a crédito para comprar autos nuevos. Finalmente, la abundancia de estos autos ha deprimido el mercado de usados, lo que a su vez repercute en el de autos nuevos. A cambio de todo ello, la mitad de los hogares mexicanos tiene automóvil. Eso ha reducido la presión popular para tener transporte público decente. Más tráfico, más contaminación, mercados formales deprimidos, reforzamiento de informalidad, menos presión por transporte público, más control corporativo.

Toda política pública tiene efectos negativos, pero ésta produce una pérdida de bienestar social absoluto. Su origen está en la falta de valor de las autoridades y la poca vergüenza de las organizaciones corporativas y sus líderes. Gran señal para cuidar muy bien las reformas que deben reducir el poder corporativo y cimentar el de las autoridades.