Opinión

China en octubre

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China

Octubre es un mes en el que los mercados financieros suelen ser volátiles. Yo insisto que tiene que ver con el otoño, porque los seres humanos seguimos respondiendo a instintos bastante más de lo que creemos, pero si usted no gusta de estas explicaciones, entonces piense que en octubre se reportan los dividendos del tercer trimestre, que se consideran indicadores del cierre del año, y de la tendencia del siguiente. Así, si una empresa anuncia que no llegó a lo que esperaba, sus acciones caen de manera abrupta. Ayer le pasó a Wal-Mart en Estados Unidos, por poner un ejemplo.

Pero este mes de octubre tiene otras dos fuerzas actuando. Una primera es el ajuste del dólar, iniciado a mediados de 2014, que ha hundido a prácticamente todas las monedas del mundo, junto con buena parte de los commodities. La segunda, el reconocimiento general de que China ya no es lo que era, que se ha sumado al fenómeno del dólar para golpear doblemente a monedas latinoamericanas (y en donde todavía nos alcanzó a nosotros, erróneamente).

China ya no puede crecer como antes. A inicios de la década actual, su producción industrial crecía 14 por ciento anual. En este año, hasta agosto, promedia 6.2 por ciento. Y si ve usted la gráfica, es prácticamente una línea que se va reduciendo poco más de un punto por año. No sería raro verlos en 3.0 o 4.0 por ciento antes de 2018. Pero eso es actividad industrial, que ha sido el gran motor de ese país en lo que va del siglo, de forma que el crecimiento del PIB debe ser inferior a ello. La cosa es que las estadísticas chinas no son claras, e insisten en su 7.0 por ciento pronosticado para este año, que es más una orden que una estimación.

El dato del tercer trimestre lo conocerá usted cuando lea estas líneas. Los expertos citados por fuentes especializadas anglosajonas hablan de 6.7 por ciento de crecimiento, pero ya veremos qué nos reportan las autoridades chinas. Si usáramos el consumo eléctrico como aproximación del crecimiento, entonces a duras penas éste llegaría a 4.0 por ciento anual. Varias consultorías británicas creen que ésa es la cifra, y no el 7.0 por ciento. A mediados del mes pasado, John Noble en el Financial Times afirmaba que los grandes inversionistas están suponiendo que el crecimiento sería de 5.0 por ciento en este año, citando a Lombard Research, Citi y Bank of America-Merril Lynch.

En 2009, la Gran Recesión provocó una caída en las exportaciones mexicanas a Estados Unidos superior a 20 por ciento, y por ello tuvimos una contracción en el PIB de 6.0 por ciento. Pasamos de 1.5 a -4.5 por ciento de crecimiento. Algo similar debió ocurrir en China, que tuvo una caída parecida en el comercio, pero según ellos, no en el PIB. En parte, por sus extrañas estadísticas, pero también porque decidieron impedir la caída incrementando significativamente la inversión. Pero estaban intentando reducir la inversión, precisamente, para balancear su crecimiento.

Digamos que ocurrió como quien está empezando una dieta y de pronto la rompe, pero con un gran banquete. Acaba peor que antes de iniciar su dieta. Y eso le pasó a China, que llegó a esta década en una situación mucho más desbalanceada que antes. Además, con un creciente endeudamiento. Y puesto que las inversiones fueron de emergencia, podría apostar que la gran mayoría no funcionarán jamás. Tiraron el dinero.

Pero aunque desde 2007 era claro que China tendría que reducir su ritmo de crecimiento, y desde 2010 que era algo inminente, pareciera que muchos no lo han querido aceptar, y por eso ahora que se está haciendo ya imposible de negar, provoca tanta angustia en los mercados. Y en octubre, para acabarla de arreglar.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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