Opinión

China devalúa

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Yuan

Como usted ya debe saber, China decidió devaluar el yuan. Fue un ajuste pequeño, comparado con las depreciaciones de las principales monedas del mundo, pero grande en comparación con la historia de la moneda china. Mientras que el peso mexicano, el euro o el yen se han depreciado 25 por ciento desde inicios de 2014, el yuan no se había movido. No porque tenga condiciones económicas especiales, sino porque China maneja su moneda como lo hacía México hace 40 años, o el resto del mundo hace 50: con tipo de cambio fijo.

China había perdido buena parte de su competitividad para 2007. Luego, en 2009, para enfrentar la Gran Recesión invirtieron cantidades absurdas de dinero, impidiendo el desarrollo del consumo interno. Paulatinamente, la industria empezó a moverse fuera de ese país, y de regreso a Norteamérica, y el ajuste de precios iniciado en 2014 debe tener un impacto brutal en China. De haber tenido tipo de cambio flexible, imagino que se habrían ajustado más o menos al mismo ritmo que los demás, y con eso habrían evitado la caída que seguramente tienen en su actividad económica, y que tratan de esconder con cifras inventadas.

En China, el gobierno tiene una presencia excesiva en la economía. No sólo cobran impuestos y otorgan apoyos, sino que directamente controlan la producción, a través de empresas que son propiedad del Estado y de un sistema financiero igualmente estatal. Este tipo de economías permite llegar al ingreso medio, pero no superarlo. América Latina es un gran ejemplo de ello. Nuestros gobiernos han estado involucrados en la producción en muchas áreas, nuestro sistema financiero es subdesarrollado (en muchos casos por culpa del mismo gobierno), y el resultado es el capitalismo de compadres y la corrupción, como usted sabe. Y eso impide superar el ingreso medio.

Llevar una economía al nivel promedio del mundo no es tan difícil, como ha sido nuestro caso, el de Brasil, China, Rusia, Turquía y muchos otros. Pero no lo logramos por producir bien, sino por producir mucho, agotando nuestros recursos. Por eso es en estos países en donde el deterioro ambiental es más serio, y por eso dependemos tanto de la producción de bienes primarios. Aunque hay industria, suele ser una que explota recursos y no una que eleva la productividad.

Puesto que China empezó con un ingreso por habitante deplorable, casi el más bajo del mundo en 1979, llegar al ingreso medio 35 años después implicó crecimientos anuales de dos dígitos. Pero pasar de ahí ya no es sencillo. De hecho, estoy convencido de que es imposible con ese tipo de arreglo económico. Bloomberg estimaba que la deuda privada en China, hace un mes, era de 207 por ciento del PIB, y prácticamente la mitad de ella se acumuló en los últimos ocho años, cuando el modelo se atoraba y se quiso mantener por la fuerza. Un poco como le hicimos nosotros a fines de los setenta, cuando quisimos convertir a este país en rico pero sin abandonar el modelo estatal –de compadrazgo.

Con un poco de suerte, China encontrará un nuevo equilibrio con crecimientos de 3.0 o 4.0 por ciento anual, que implicarán la absorción de buena parte de la deuda mencionada. No se derrumbaría, pero sería una especie de país latinoamericano muy grande. Salir de ahí exige un cambio político muy profundo, que no creo que quieran intentar. Ese camino, como decía, requiere un poco de suerte. Sin ella, va a estar feo.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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