Opinión

Chiapas y PVEM: “el
costumbre” de violar la ley

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Casilla en Chiapas. (Cortesía)

El jueves pasado, circuló un comunicado donde se denunciaba la omisión del Instituto Nacional Electoral y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, por permitir que “la ilegalidad, la inequidad y la impunidad, sean las nuevas reglas del juego democrático”. El mensaje político detrás de la actuación del Verde, el INE y el TEPJF, subrayaba el texto, es una invitación al resto de los institutos políticos a conducirse del mismo modo, un cheque en blanco para el fraude a la ley.

Este documento recordaba que han pasado más de dos meses desde que un grupo de ciudadanos presentaran una petición formal a los consejeros del INE, “respaldada por más de 140 mil personas, exigiendo la aplicación de la ley y, en consecuencia, la pérdida del registro del PVEM”. La respuesta de la autoridad electoral ha sido, en los hechos, nula.

#QuitenRegistroAlVerde fue el hashtag que con éxito marcó parte de la campaña electoral del 7 de junio y sirvió para al menos visibilizar lo que de por sí era inocultable: que el PVEM montó una operación tan sofisticada como grosera para burlar la ley.

Sin embargo, y a pesar de las “evidencias acumuladas sobre el rebase del tope de gastos de campaña, la compra de votos, la adquisición ilegal de tiempo a las televisoras, el apoyo ilegal pagado de personajes famosos”, la autoridad electoral ha sido tolerante y laxa (por no decir cómplice) en el caso del PVEM, sus aliados, personeros y, por supuesto, candidatos.

Por eso no extraña que, como se había advertido en distintas tribunas, este domingo el PVEM operara de nueva cuenta una elección en donde más que los incidentes ocurridos el mero día de los comicios –que no fueron leves, por supuesto: hubo choques, incendio de casillas, denuncias de compra de voto, etcétera–, lo verdaderamente grave es la consolidación por parte de los llamados Verdes de una fórmula fraudulenta para obtener o retener los puestos públicos.

Chiapas puede ser visto desde hoy como un estado en franca regresión. Una entidad en donde el gobernador Manuel Velasco es capaz de operar toda una cadena de candidatos para incorporarlos a cualquiera de las organizaciones políticas que formalmente lidera (el PVEM, Movimiento por Chiapas, y Chiapas Unido) y de las que también se doblan ante él, así sea de manera informal, como el PRI y el Panal.
El descaro con el que Velasco fue acomodando sus piezas en tantos partidos fue resentido incluso por priistas, que ven con preocupación como el presidente Peña Nieto ha entregado al gobernador Velasco una entidad que resulta clave en cualquier elección presidencial.

Las artimañas desplegadas por los del PVEM llevaron a Horacio Duarte, representante de Morena, a advertir ayer que en esa entidad no sólo se estaba “jugando una elección, sino se está poniendo en práctica la perversión política más grande. Hemos visto violencia, el uso de recursos públicos. Todo el territorio de Chiapas lo vistieron de verde de la manera más retrógrada”. (http://bit.ly/1Llq9CU)

Experimentados operadores políticos del PRI recordaban la semana pasada cómo en las comunidades indígenas de Chiapas muchos pueblos se niegan a dejar formas tradicionales de elegir a sus autoridades. Alegan en su defensa que ellos así son, que es “el costumbre”.

Diferencias lingüísticas aparte, los del PVEM, con Manuel Velasco a la cabeza, pueden alegar algo parecido, decir que así son, que violar la ley es “el costumbre” de ellos.

¿Y la autoridad? Calladita, como ya es “el costumbre”.


Twitter: @salcamarena

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