Opinión

El Chapo y la degeneración del Estado

Si hubiera que comenzar por lo obvio, entonces los grupos de narcos no son estrictamente cárteles sino simple y llanamente bandas criminales o pequeñas mafias. Los cárteles son asociaciones para fijar el control de un mercado.

La leyenda urbana ha querido posicionar a las bandas de narcos y a sus cabezas dirigentes como hombres especiales –que no excepcionales– que dominan una rama de la producción de drogas, operan un mercado en función del poder criminal y carecen de obstáculos para asesinar. Pero se ha visto que los capos son personas ignorantes, incultas, intuitivas, agresivas y criminales. Su liderazgo no se funda en el talento sino en capacidad de muerte.

En términos generales en México existen una docena de bandas criminales en zonas territoriales específicas que luchan entre sí por rutas de trasiego, plazas de consumo y zonas territoriales; casi todas han sido descabezadas de sus líderes, pero persisten por ser unidades de producción de riqueza. A lo largo del periodo 1970-2014 ha habido intentos de hacer alianzas, asociaciones, federaciones y acuerdos entre ellos, pero como en toda organización empresarial hay disputas de poder, traiciones y deslealtades porque no existe una riqueza capaz de procesarse en acciones.

El mercado de la droga tiene seis especialidades: siembra, procesamiento, almacenamiento, transporte, consumo y lavado de dinero; y varios secundarios: prostitución, robo de autos, narcotienditas, venta de protección, contrabando de mercancías, trata de blancas y control de zonas comerciales. La competencia entre mercados y entre organizaciones no es libre, siempre hay apetito de conseguir los mercados de los otros por cualquier vía: desde las alianzas hasta las guerras y la apropiación territorial. De todos modos, las alianzas duran poco porque los capos carecen de disciplina para reconocer mandos.

La lucha contra las bandas criminales del narco no tendrá fin porque -Karl Marx dixit en textos recopilados en Elogio del crimen- la delincuencia es una mercancía en el sistema capitalista y a su vez reproduce otros mercados adicionales: judicial, policiaco, social, de seguros. Los delincuentes --capos o gatilleros-- constituyen la lucha de individuos aislados contra el sistema dominante y el sistema criminal se mueve en función de la plusvalía, la moneda y el intercambio.

De ahí que la criminalidad necesita de enfoques diversos: de la ciencia política (el Estado, el poder, las relaciones de clase), la economía (explotación y disputa por la riqueza), de elites (porque la circulación de liderazgos fricciona las bandas y porque los capos constituyen una versión de la clase política dirigente) y de seguridad nacional (por el efecto de la globalización criminal que constituye un poder que disputa poder a los Estados).

La captura de El Chapo podría terminar con el ciclo de los grandes capos: sólo quedarían Ismael El Mayo Zambada (67 años), diez años más grande que El Chapo (57 años) y carente de fuerza personal para ejercer el poder criminal, y Juan José Esparragoza El Azul (68 años) en el Cártel de Juárez, liderado por Vicente Carrillo Fuentes (52 años), pero sin la fuerza de su hermano mayor Amado. Y el ciclo se reiniciaría con capos pequeños dominados por la violencia irracional.

Hasta ahora, los diferentes gobiernos han equivocado la estrategia, a pesar de que, por ejemplo, el director del Cisen en tiempos de Felipe Calderón, Guillermo Valdés Castellanos, aparece hoy en medios como analista del tema cuando su oficina resultó un sonado fracaso en la política de inseguridad.

Al final, El Chapo es ya anécdota, mientras que la estructura criminal del narco sigue intacta. El punto más débil del narco es el lavado de dinero y sigue intocable.