Opinión

Chantal Akerman

 
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Chantal Akerman. (planoinformativo.com)

Chantal Akerman no necesariamente es conocida por un público cinéfilo amplio. Pero es un referente obligado para quienes se dedican al séptimo arte, al video, a las imágenes en movimiento y a las artes en general.

La cineasta experimental nació en Bruselas en 1950 y falleció hace seis meses, con apenas 65 años.

Hija de refugiados polacos, judíos. Su madre sobrevivió Auschwitz, pero los padres de ésta, no.

“Mi madre es el centro de mi obra completa”, dijo Akerman.

En cualquier obra de arte coexisten varios niveles de interpretación.

Evidentemente la forma y lo que ella nos transmite; la vida del artista y la relación que los datos biográficos guardan con sus búsquedas formales y conceptuales; los temas con los que suele trabajar, independientemente del medio o material; pero, más allá de todo esto, el artista mantiene un diálogo asiduo con el arte y su historia.

En la relación que la obra entabla con el espectador, existen artistas que tienen un gran impacto en el público en general, pero también existen los que, sobre todo, influyen en la comunidad artística, en las generaciones que les suceden. Marcel Duchamp forma parte de la segunda categoría. Chantal Akerman también.

¿A qué se debe esto? ¿Son las formas o los temas los que complican la recepción del público? ¿Es el peso que se le da al diálogo con el arte y su historia lo que dificulta la comunicación?

Lo que los artistas legan a las generaciones posteriores de artistas son, precisamente, las preguntas y las respuestas que resultan del diálogo con el arte y su historia, con lo que se ha hecho antes y con cómo se ha hecho, la reflexión sobre los medios.

Las exigentes películas de Chantal Akerman inspiran a artistas que producen en el presente y que ahora —a través de su propio trabajo— comparten esas preguntas y respuestas inherentes al trabajo de Akerman con un público más amplio. Puede que también se vinculen con sus inquietudes: Akerman abordó temas grandes como la geografía, la identidad femenina, la soledad como condición humana, el espacio y el tiempo.

Pero mucho más probable es que los artistas que le siguen retomen su compleja relación con el tiempo. Akerman decide plantear y aferrarse a su propio tiempo. Así le llama. Y su tiempo es un tiempo pausado, en el que se repiten tomas y encuadres, y que tiene el propósito de que el espectador sienta el tiempo y su transcurrir, en vez de olvidarse de él.

Si como espectadores tenemos la paciencia de entregarnos a su tiempo y de sentir el paso de nuestro tiempo, entonces su libertad y el compromiso con su mirada y su subjetividad se comunican.

La primera y larga toma de No Home Video (2015), su última película, antes de morir, es la toma de un árbol en un paisaje desértico en Israel.

El viento sopla duro, sacude el viejo árbol e invade el audio. La extensa duración de la toma permite que el árbol deje de ser sólo un árbol y se convierta en una presencia capaz de hablar de todo tipo de fenómenos intangibles e inefables.

A lo largo de la película vemos imágenes y recorridos por aquellos parajes, intercalados con las tomas del departamento y de las rutinas cotidianas de su madre, de conversaciones sobre recuerdos compartidos entre madre e hija, pero también vemos a la hija tratando de provocar que la madre hable de su traumático pasado. En muchas de esas tomas gran parte del encuadre muestra un muro o una puerta. En muchas otras vemos únicamente a los personajes femeninos de espaldas. Paradójicamente, la última película de la hija antes de morir, es el retrato sobre la madre, poco antes de que ésta muriera.

Si como espectadores tenemos la paciencia de entregarnos a su tiempo, de sentir el paso de nuestro tiempo y de ver más allá de lo evidente —muros, puertas, mujeres de espaldas, vidas individuales— entonces empezamos a ver aquello que transcurre y que va dejar de estar.

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