Opinión

Chantaje del PAN por Oceanografía

Los senadores del PAN quieren alargar lo más posible la parálisis legislativa por dos razones fundamentales. Una, que pase su elección interna que los tiene al borde de la fractura. Y dos, utilizar su voto en el Senado a cambio de impunidad.

Primero presionaron para cerrar cuanto antes el caso Oceanografía, y al no lograrlo pidieron a su contraparte priista “bajar el volumen” en ese tema que, por alguna razón, les tiene preocupados.

A fin de que no se les entorpezca su elección de dirigentes nacionales, y mientras ganan tiempo para que baje la marea por el caso Oceanografía, optaron por hacerle una zancadilla al país.

Frenaron la discusión de las leyes que ayudarán a levantar la economía y a poner punto final a monopolios, porque quieren que primero pase la legislación político-electoral.

Se trata de una coartada. Saben que sus votos son claves para que pasen las leyes que sustentan a las reformas económicas, y que una vez votadas esas leyes se quedan desarmados para negociar impunidad en casos candentes.

Para el Partido Acción Nacional “la prioridad es la legislación político-electoral”, afirmó categórico el coordinador de los senadores de ese partido, Jorge Luis Preciado.

Con eso dejaron “para junio” o quién sabe para cuándo las leyes que permitirán funcionar a las reformas energética y de telecomunicaciones, que ya están aprobadas.

Los legisladores, especialmente en el Senado, viven en un mundo aparte al del resto de los mexicanos que están preocupados por la falta de empleo y el bajo crecimiento económico.

Con las reformas en materia de energía y en telecomunicaciones, habrá más inversión en esos sectores y detonarán crecimiento económico. Al aumentar la competencia en ambas ramas, habrá más empleos y precios más competitivos.

Eso lo saben los senadores que votaron favorablemente los cambios en energía y telecomunicaciones. Pero no quieren sacar las leyes secundarias que dan viabilidad a las reformas pues prefieren ir a temas políticos que sólo les interesan a ellos y a los círculos de poder.

Para los senadores del PAN, mientras más se alarguen los tiempos legislativos, mejor. Sólo así son indispensables y, por tanto, inmunes a que el brazo de la justicia los llame -a algunos de los suyos- a rendir cuentas.

El senador panista Roberto Gil amenazó con pasar la reforma electoral para un periodo extraordinario de sesiones si no se hace lo que ellos quieren, lo que implica mandar a dormir el sueño de los justos a las leyes para las reformas energética y de telecomunicaciones.

Gil dijo el viernes que si no se hace lo que ellos quieren en la legislación electoral, también en ese tema hará tortuguismo. Lo planteó así: “tomaremos la decisión de llevar la reforma política a un extraordinario, si no hay manera de avanzar para darnos satisfacción (sic) en materia de contenidos".

Con ese chantaje, formulado por la tercera fuerza electoral, los priistas se levantaron de la mesa de la reforma política. Todo está frenado.

En síntesis: lo que algunos senadores del PAN buscan -destacadamente Roberto Gil- es ganar tiempo ante temas judiciales pendientes y evitar quedarse sin canicas que negociar.

Y otros senadores del PAN -los maderistas encabezados por Preciado- quieren que no se altere su elección interna que, según dicen, la tienen ganada.