Opinión

Chantaje a la democracia

De manera poco decorosa el Senado se comprometió a estudiar la posibilidad de que se cancelen las elecciones en Guerrero el próximo año, a petición de los padres de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa.

¿Qué facultades tiene la Cámara de Senadores para examinar el contexto guerrerense y determinar si hay condiciones para celebrar comicios o no?

O como lo preguntaba ayer en Reforma el politólogo Jorge Alcocer: ¿con base en qué artículo de la Constitución pretenden cancelar el principal acto de la democracia que es renovar autoridades mediante el sufragio?

Se trata de una claudicación penosa de los senadores ante quienes los regañaron en su propia casa y luego no les permitieron expresar sus puntos de vista porque abandonaron el salón de reuniones.

Los padres de los normalistas están siendo manipulados por sus asesores, como lo dijo el secretario de Marina, y para muestra está la petición de que no haya elecciones en Guerrero el próximo año.

Si la anulación de los comicios devolviera con vida a los normalistas desaparecidos o asesinados, entonces existiría una brecha de comprensión para [la petición de] los padres de los estudiantes, pero no es el caso.

Nada tienen que ver las elecciones de Guerrero con la justicia que hay que aplicar a ese complejo político-criminal que secuestró y mató a los normalistas.

El pliego petitorio de los padres de los normalistas al Senado concluye con la arenga: “¡Por la liberación de la juventud y la clase explotada. Venceremos!”.

Los padres de los estudiantes deberían saber que el conglomerado de partidos que secuestró y asesinó a sus hijos tiene las mismas consignas que ellos.

Lamentablemente los padres de los normalistas no exigen justicia para los que mandaron a sus hijos a Iguala con engaños, pues les dijeron que iban a 'botear' en Chilpancingo.

Sólo la manipulación de los asesores explica que los padres no pregunten, reclamen, griten y pongan barricadas hasta que autoridades y líderes de Ayotzinapa confiesen por qué mandaron a sus hijos a dos horas de la normal en autobuses robados.

Eso sería exigir justicia, pero no lo hacen porque están siendo manejados por la guerrilla aliada a grupos de narcotraficantes, y desde luego por la Coordinadora de maestros que responde a los intereses de López Obrador.

Con el pretexto de los desaparecidos de Ayotzinapa, el fin de semana un grupo armado secuestró y vejó a periodistas que asistían a una premiación en Tlapa.

Esos periodistas fueron amagados y amenazados con armas de alto poder, como lo mostró el video presentado ayer por Milenio. Los obligaron a autodenigrarse por las calles de la ciudad, los amenazaron con juicio popular y con “reeducarlos”.

Son hordas polpotianas, o expresiones extremas de la dictadura china.
Esos son los que no quieren elecciones en Guerrero el próximo año, pues tal vez sus candidatos reciban el rechazo de la población.

Y el argumento para cancelar los comicios es ofensivo al sentido común: el clima de violencia en el estado.

Sí, la violencia que ellos generan en carreteras y ciudades. 

La violencia de los maestros y los grupos armados de su corriente ideológica.

La violencia de las bandas delictivas con las cuales trabajan, como Los Rojos.

Y la violencia del complejo político-criminal de un sector de la izquierda asociado a cárteles de las drogas como Guerreros Unidos, que secuestraron y mataron a los normalistas.

Twitter: @PabloHiriart