Opinión

Certificación policial: 
sentido común vs. ilusiones

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La próxima vez que piensen en eso llamado certificación policial, les pido que piensen en Querétaro. En algunas lecciones que ahí han aprendido sobre cómo mejorar y hacer realmente útiles las evaluaciones que México aplica a los policías con la ilusión de que la seguridad mejore.

Lecciones producto de un sentido común tan elemental que desarma. No se trata de pasar a todos los uniformados por los exámenes, sino de cómo aplicar éstos, y sobre todo saber qué hacer con los resultados. ¿Suena obvio? Los dejo con parte de lo relatado ayer por Luis Gabriel Salazar, policía queretano que participó en el cuarto foro Sumemos Causas de Causa en Común.

Luis Gabriel comenzó explicando que las evaluaciones son tan rutinarias, un machote a rellenar, que durante 16 años él se ha topado con los mismos errores de redacción en las más de 100 hojas que integran los exámenes. Sí, primera cosa: no hay un sistema informático para la evaluación policial, los exámenes que pretenden medir las habilidades y destrezas para la función policial se tienen que fotocopiar; y luego aplicar y revisar a mano.

Una prueba estándar no aporta resultados útiles, pensaron en Querétaro. No se puede calificar igual a un policía de 21 años que a uno de 49.

“Nos alineamos a lo que dice el Sistema Nacional de Seguridad Pública en lo que toca a aplicar las pruebas, pero las acciones a partir de los resultados las tropicalizamos con la mira en los objetivos que nos planteamos”, comentó Luis Gabriel.

Y no se limitaron a concluir que unos salían bajos en puntaje porque eran malos elementos. Al revisar las pruebas, entre otras cosas descubrieron que no tenían un problema grave de obesidad, pero sí de problemas visuales. Literalmente 110 uniformados sacaron bajas notas no por falta de puntería, en la prueba de tiro, sino por ojos que padecen achaques de gente que ha rebasado los 40 años. Se les dio una clínica sobre cuidados mínimos para ojos que deben estar en la intemperie a toda hora, se les entregaron lentes y los resultados mejoraron.

De cualquier manera, se plantearon que necesitan policías de distintas capacidades, por lo que junto con los comandantes definieron “doce perfiles funcionales. Si un elemento no sirve en una posición, sucede que cuando revisas sus resultados es perfectamente apto para otra”.

Revisar con sentido común los resultados de las evaluaciones, dijo Luis Gabriel, ayuda no sólo a reclasificar a los elementos, sino a definir las capacitaciones que hacen falta, y los estímulos a otorgar.

"Hemos contratado fisioterapeutas para dar terapias específicas de la función policial, de gente que carga un chaleco antibalas todos los días". Incluso negociaron que por esas cargas laborales las jubilaciones bajaran y en vez de ser a los 28 años de servicio sean a los 25.

De cualquier manera, hubo 50 reprobados. Pero no los corrieron, los ubicaron en tareas menores de vigilancia en edificios gubernamentales.

“La seguridad mejoró porque el policía está en el lugar donde mejor repercute su desempeño”, comentó Luis Gabriel, hoy encargado de la seguridad del municipio queretano de Pedro Escobedo.

Lo que no se puede es esperar buenos resultados de un sistema que pretende asumir una certificación de los policías pero opera de manera aislada, está desvinculada –en su operación y resultados— de lo organizacional, dijo Salazar.

Lo demás, esperar que la certificación por sí sola va a traernos una mejor policía, es mera ilusión.

Twitter: @SalCamarena

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