Opinión

¿Cerca el "gallinicidio" aguacatero?

  
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Aguacate

 ¿Cómo matar a la gallina de los aguacates de oro? Fácil. Ahí la llevamos.

En México tenemos la propensión de provocar problemas donde no hay y siempre querer ordeñar al mercado exitoso antes de trabajar para hacerlo crecer.

Priva en el ambiente aguacatero michoacano una molestia especial por la manera en que el actual gobierno de la entidad procura atender una contingencia ambientalista que se acepta.

El aguacate mexicano es un éxito internacional. En lo que refiere al mercado de Estados Unidos los productores michoacanos vendieron 760 mil toneladas el año pasado con una derrama superior a los 2 mil 600 mdd.

El total de hectáreas dedicadas a la producción del fruto son 147 mil 720, aunque en años recientes la "frontera aguacatera" se ha extendido por sobre los espacios con vocación y permisibilidad forestal.

No han habido pocos productores (se anticipa que son quienes tienen las mayores capacidades de inversión) que han talado bosques o bien , dicen, sustituido cultivos como el maíz para sembrar aguacate.

El asunto es tan grave que el Gobierno de la entidad ha alertado que, en menos de diez años, Michoacán se quedará sin bosques, específicamente sin pinos (de los árboles). Y la estrategia para revertir esto ha sido arrasar los cultivos ilegales y poner sobre la mesa dos propuestas: 

La primera es la firma de un convenio en donde los propietarios de los terrenos en los que ha habido una "sustitución" de cultivos comprometen la reincorporación del 30 por ciento de la superficie "sustituida" con aguacate y el compromiso de que no volverá a ser ocupado ese terreno para siembra de la fruta sino para su vocación original.

La segunda iniciativa está en el pago de una "cuota" de 7 mil pesos por hectárea para destinarlo a un fondo que restituya el medio ambiente y pueda coadyuvar tanto a la sustitución progresiva de la frontera forestal perdida bajo el argumento de que no saldrá aguacate alguno al consumo si no obtiene una certificación de ser un fruto sustentable.

Los 35 mil productores de aguacate -de los cuales 100 han firmado el convenio- reclaman, en primera, porque la autoridad ha escogido a la APEAM, la Asociación de Productores, Empacadores y Exportadores de Aguacate como espacio de interlocución. En segunda porque eso de los siete mil pesos por hectárea no les resulta del todo claro y en tercera porque lo del convenio les parece una forma de legitimar un hecho irregular y que es un delito por donde se le quiera ver, comenzando por la agresión al ecosistema michoacano.

Sólo el dos por ciento de los productores tienen más de 20 hectáreas. El 75 por ciento del padrón de productores cuentan con menos de cinco hectáreas de producción aguacatera. Dicen que quienes han desmontado cerros enteros han sido quienes cuentan con mayores extensiones de tierra.

¿Por qué tomar como interlocutor a la APEAM cuando es un organismo que está destinado a vigilar la exportación del aguacate y no cuenta con la autoridad moral de los productores? (el dirigente actual de la APEAM, Adrián Iturbe, ha sido incluso acusado por el Gobernador de la entidad de tumbar bosques para sembrar aguacates). Los productores demandan que la autoridad se siente con ellos para encontrar soluciones a esta problemática y no circunscriba la interlocución con la APEAM.

Segundo: preguntan por qué van a tener que cooperar con un fondo de vocación ecológica o sustentable cuando los pequeños productores no han sido los responsables de la tala indiscriminada de árboles y bosques enteros.

Quisieran ver esos productores que las autoridades de los distintos niveles de gobierno reconocieran sus fallas, sus errores, sus omisiones y sobre todo su tolerancia a violaciones de ley gracias a su propensión a actos de corrupción.

Dicen ellos: si se sabe quien sustituyó cultivos, porque de saberse se sabe, que esos productores sean los que restituyan las tierras dañadas. . Que quienes la hicieron, la paguen, reclaman.

En todo caso parece claro que el sector, gran triunfador del proceso global en materia económica pudiera ser testigo del gallinicidio; Dinamarca acaba de cancelar compra de aguacate chileno porque precisamente allá hicieron lo mismo que en Michoacán se ha hecho: matar bosques para sembrar aguacate. ¿Será México el siguiente?

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Twitter: @ETORREBLANCAJ

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