Opinión

Centenario

  
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Asamblea Constituyente

Este domingo se celebra el centenario de la Constitución. Como usted recuerda, se promulgó el 5 de febrero de 1917 para coincidir con la publicada 60 años antes, la Constitución del 57. Sin embargo, la que ahora se celebra es muy diferente de la creada por el liberalismo del siglo XIX.

La Constitución de 1917 es resultado de la Revolución, de forma que tiene que incorporar los intereses de grupos que no existían 60 años antes (como los obreros) o que no tuvieron voz entonces (como los campesinos). Aunque Venustiano Carranza, presidente en 1917, no quería modificar mucho la Constitución vigente, no tuvo control del Constituyente, que fue manejado por los seguidores de Obregón. Ya antes Obregón había operado buena parte de las negociaciones políticas, que permitieron dar respaldo popular al Ejército Constitucionalista (que se llamaba así porque buscaba restaurar la Constitución del 57, que era el objetivo de Carranza). En diciembre de 1914, Obregón había logrado publicar las adiciones al Plan de Guadalupe, para obtener apoyo de los obreros, y en enero de 1915 la Ley Agraria, que buscaba lo mismo entre los campesinos. Ese mismo año se creó una ley laboral en Veracruz, controlada por los carrancistas, que acabará siendo el eje del artículo 123 de la nueva Constitución.

Los obregonistas, le decía, tomaron control del Constituyente, y la presidencia de la Comisión de Constitución recayó en Francisco J. Múgica, que creo que debería ser reconocido como el gran ideólogo del régimen de la Revolución. No sólo logró producir la “primera Constitución social del siglo XX”, sino que fue mentor de Lázaro Cárdenas, que sería quien haría cumplir buena parte de esa Constitución por primera vez.

La Constitución de 1917 es antiliberal. Múgica era un marxista convencido (había sido seminarista, así que se le daban las religiones), y estaba decidido a acabar con la influencia de la Iglesia, así como a darle poder a obreros y campesinos. El artículo 3, el de la educación, lo gana él casi solo; el artículo del trabajo, que era el 5 en la Constitución del 57, fue retirado para ser redactado aparte, y regresó muy tarde, de forma que adquirió su nuevo número: 123. El artículo referente a la propiedad de la tierra acaba siendo una mescolanza de las tradiciones medievales y colectivistas, como la propiedad de la tierra (que corresponde original y originariamente a la nación) o formas como el ejido, herencia de los pueblos españoles, que tenían tierras comunes a la salida, y por eso su nombre (exitus).

Pasamos de una Constitución liberal, la de 1857, breve y práctica (que no se usó), a una antiliberal, barroca e ineficiente (que tampoco se usó). Eso forma parte de una tradición nacional, que consiste en hacer una Constitución para enumerar anhelos, pero dentro de estructuras de poder que no tienen interés en aplicar la ley, sino sólo en su beneficio. Así fue también con la de 1917, que en realidad se ha aplicado francamente desde 1997, cuando la estructura de poder se derrumbó, y la Corte pudo independizarse (aunque desde 1994 había avanzado en ello), lo mismo que el Congreso.

En el ánimo de llenar de sueños el documento, creo que hemos logrado hacer a la Constitución casi inoperante, pero sobre esa base estamos funcionando. No estoy seguro que podamos mejorarla, porque estamos en tiempos de dispersión política e ideológica (en todo el mundo). Y para mamotretos como el de la Ciudad de México, mejor ni moverle. Tal vez un largo proceso de limpia fuese útil, y en 2117 alguien pueda celebrar de verdad.

Profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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