Opinión

CDMX®

 
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CDMX. (www.agu.df.gob.mx)

Siguiendo la tendencia de otras ciudades en el mundo y de algunas más que en nuestro país han realizado esfuerzos equivalentes, la Ciudad de México inició un pretensioso programa para el registro, administración y promoción de la marca CDMX CIUDAD DE MÉXICO.

Para efectos prácticos, el primer grupo de marcas registradas para este propósito se forma por un recuadro en color rosa con el nombre y siglas de la ciudad en color blanco.

La pretensión del programa es el posicionamiento de la Ciudad de México como sede de eventos culturales y de negocios así como destino turístico, incrementando al propio tiempo la identidad de los signos distintivos de la ciudad. El titular de las marcas registradas y depositario de las facultades de administración del programa es el Fondo Mixto de Promoción Turística del Distrito Federal, y las reglas que lo gobiernan se contienen en los Lineamientos para la Utilización, Comercialización y Explotación de la Marca Ciudad de México que fueron publicados el pasado 26 de mayo.

La fuerza del Programa se fundamenta en la consecuencia propia de las marcas registradas de poder permitir el uso a quienes cumplan con las condiciones impuestas, limitándolo a quienes se aparten de sus principios y reglas. Como parte del Programa se prevé la comercialización de productos que ostenten la marca de la Ciudad, los cuales serán suministrados por quienes tengan interés en ello y cumplan con los estándares de calidad exigidos.

Hasta este punto podemos decir que la iniciativa es consecuente con las tendencias orientadas a capitalizar como propiedad intelectual los símbolos de ciudades y países, que han buscado en estos mecanismos emular los procesos de posicionamiento y desdoblamiento que las marcas comerciales desarrollan. Lo que parece contrahecho y precipitado es la arquitectura jurídica que da sustento al proyecto, y la falta de pluralidad en la elección de la simbología.

Respecto del primer “pero”, es necesario apuntar la serie de imprecisiones y abusos que implican los lineamientos emitidos para regular el uso de la marca de la Ciudad de México. De inicio, es rebatible que la titularidad del derecho la ostente el Fondo Mixto para la Promoción Turística del D.F., siendo que tendría que ser propiedad del Gobierno de la Ciudad, y si acaso depositar en el Fideicomiso el ejercicio de los derechos. Por otro lado, basta una revisión rápida de los “Lineamientos”, para concluir que sólo un ejercicio monárquico pudo llevar a asignar a esta entidad funciones ejecutivas, legislativas y judiciales. El Fondo no solo autodefinió la estructura y alcances del Programa, sino que administra permisos y sanciones, y rallando en lo ridículo resulta que puede determinar indemnizaciones. Según mis cuentas, desde tiempos del rey Sol no veíamos tal concentración de facultades en una sola institución.

La segunda objeción esta vinculada con la falta de transparencia y pluralidad en la elección de los símbolos de la ciudad. ¿Quién definió que el color oficial de la marca es el rosa? ¿Quién decidió el diseño y bajo que parámetros? ¿Quién eligió las letras CDMX como las representativas de la Ciudad de México? ¿realizaron las debidas licitaciones para la elección de asesores en el proceso?

Esperemos todas las dudas sean menores frente a los objetivos del Programa, y que no se quede, como tantas otras ideas del gobierno de la Ciudad, en una declaración más de buenas intenciones.

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