Opinión

Catastro e
impuesto predial

Entre las deficiencias de la mal llamada reforma fiscal que se instrumentó en 2013 destacó la ausencia de cambios en los sistemas tributarios a nivel local. A pesar de que el Pacto por México parecería un foro adecuado para discutir posibles modificaciones a gravámenes que son atribución y responsabilidad de los gobiernos estatales y municipales, tal vez interactuando con otros actores como la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el tema ni siquiera se mencionó. En ese aspecto, esa “reforma estructural” también quedó trunca.

A diferencia de otros países en los que los impuestos locales más importantes por su recaudación corresponden a las ventas, en el sistema fiscal mexicano federalizado y coordinado –la mayor parte de los impuestos y derechos los establece, recauda y distribuye la Federación, y canaliza los recursos a estados y municipios por la vía de participaciones y otros conceptos del presupuesto de egresos— los gravámenes relevantes son los impuestos a la propiedad (predial), a las nóminas y los derechos vehiculares (placas y tenencia). En los últimos años sólo 7.0 por ciento de los ingresos totales de estados y municipios correspondió a ingresos propios; el resto provino de aportaciones federales (49 por ciento), participaciones (31 por ciento), endeudamiento y otras fuentes (13 por ciento). De ahí buena parte de la explicación de la precariedad financiera de los estados y municipios.

El impuesto predial es la fuente de ingresos local con mayor potencial recaudatorio, principalmente a nivel municipal aunque en algunas entidades federativas está coordinado por el gobierno estatal. Según la OCDE, en 2011 los impuestos a la propiedad en México representaron 1.5 por ciento de la recaudación total de los tres niveles de gobierno, en comparación con 5.3 por ciento del promedio de los 34 países que pertenecen a esa organización, sólo por arriba de Austria, Estonia y la República Eslovaca, y muy inferior a países como Canadá, Corea, Gran Bretaña y Estados Unidos (superior a 10 por ciento). En relación con el Producto Interno Bruto, en México la recaudación se situó en 0.3 por ciento en ese año, el más bajo de la OCDE, que contrasta con el promedio de 1.8 por ciento del PIB.

La herramienta fundamental para potenciar el impuesto predial, y por tanto los ingresos propios de (algunos) estados y municipios, son los catastros de la propiedad. Como recientemente dio a conocer el Inegi, desde 2006 se inició el “Programa de Modernización Catastral de Municipios” en el ámbito de la propiedad privada, que incluye diagnósticos, vinculación de bases de datos y, de particular relevancia, a los registros públicos de la propiedad, caracterizados por ineficacia y corrupción. Además, se consideran un “modelo de catastro” que incluye revisar el marco jurídico, procesos catastrales, tecnologías de información y la vinculación catastral y registral.

En 2010 se fortaleció esa estrategia con el “Programa de Modernización y Vinculación de los Registros Públicos de la Propiedad y Catastros” impulsado por Sedesol, al que se adhirieron 30 entidades federativas. Sin embargo, a pesar de esos esfuerzos, hasta 2012 sólo tres estados (Colima, Campeche y Morelos) concluyeron las acciones básicas catastrales y registrales.

Las causas de ese lento avance son múltiples, entre las que destacan la carencia de recursos humanos, tecnológicos y financieros pero, sobre todo, la falta de voluntad e incentivos políticos para modernizar los catastros y registros, así como utilizarlos para actualizar y ampliar la base gravable de la propiedad. Ojalá la reelección de presidentes municipales aprobada en el marco de la reforma política contribuya a modificar aunque sea parcialmente esa situación.

La nula diversificación de la carga fiscal por tipo de causante, grupo social, concepto, etcétera, se ha traducido en un bajísimo potencial recaudatorio y en que los impuestos graviten sobre los mismos causantes sistemáticamente. Este año se han visto con toda claridad los efectos de ello en el crecimiento económico y, previsiblemente, en la distribución del ingreso.

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