Opinión

Cataluña, Sí/Sí

Con voces encontradas, familias divididas y un sector cercano a 15 por ciento de la votación en contra de la independencia, se registró la consulta popular en Cataluña el pasado domingo. A favor de la separación votó cerca de 80 por ciento de los ciudadanos participantes con una clara respuesta de Sí/Sí: Sí a que Cataluña sea un Estado y Sí también a que sean independientes –de España se entiende.

El Tribunal Constitucional había decretado apenas el martes pasado la prohibición expresa para celebrar el referéndum, a pesar de lo cual el gobierno de la Generalitat siguió adelante con la realización de la consulta. La prohibición provocó reacciones contrarias: por una lado ciudadanos que acudieron a las urnas para demostrar su enojo porque les impidan expresarse y manifestar su libre deseo a la independencia o a la no independencia, pero participar en la decisión. Mientras que otros decidieron abstenerse por considerar “una charlotada” la consulta, producto de los malabares políticos del señor Maas, presidente de la Generalitat.

Esperaban una participación de poco más de cinco millones de electores, de los cuales votó aproximadamente la mitad, incluso menos que en los más recientes comicios autonómicos de 2012 que registró una participación superior a los tres millones de electores.

¿Cómo leer el resultado? ¿cómo entender lo que el pueblo Catalán realmente quiere?

Con una participación cercana a la mitad fue abrumadora la inclinación por la independencia. Existe un sector considerable, algunos calculan que cercano a 20 por ciento del electorado que se niega a separarse de España por considerarlo “muy doloroso e innecesario”.

Lo cierto es que Artur Maas desafió al Tribunal Constitucional de España , tal vez con el agudo cálculo político de que cualquier acción penal en su contra –como ahora le exigen a Rajoy y al Partido Popular–encenderá el sentimiento separatista.

Los mensajes de Europa y de Reino Unido invitan a los catalanes a una reflexión sobre la unidad, sobre la potencia de un país unido, productivo, con la mirada puesta hacia el futuro, como parece ser el reciente resultado en Escocia.

Sin embargo se esconden otros elementos que tienen que ver con el resurgimiento de los nacionalismos europeos, como inequívoco signo de cansancio por las cargas impositivas, los ineficientes Estados Federales, los excesos de cuotas e impuestos sobre regiones más productivas que otras.

Según otros analistas en la propia Cataluña, hablan de los fuegos artificiales de Maas para pretender ocultar una grave catarata de escándalos de corrupción que no sólo incluyen al emblemático expresidente Jordi Pujol y su familia, sino a otras destacadas figuras de la Generalitat.

El gobierno de España deberá ahora calibrar cuidadosamente los pasos y medidas a seguir. Por un lado no puede pasar inadvertida la violación flagrante al dictamen del Tribunal, que cinco días antes prohibió que se realizara la consulta. Muchos piden cargos penales y acusaciones contra Maas y otros funcionarios de la Generalitat. Pero en el terreno político, abrirle una causa o formularle cargos podría ser gasolina a la hoguera de la independencia.

Es cierto que Cataluña es la región más rica y productiva de España; es cierto también que pueden existir diferencias culturales y lingüísticas, pero como dijeron muchos votantes el mismo domingo, somos catalanes y españoles y no dejamos de ser una cosas por ser la otra.

Si la Generalitat obtiene pactos diferenciados, cuotas flexibles y otras concesiones a partir de este experimento, será visto como un ejercicio de presión y negociación al gobierno de Madrid, al que Maas acusa de “intolerante y obtuso”.

Esta consulta, ilegal y simbólica, podrá ser el antecedente para que en un futuro no muy lejano se celebre un auténtico referéndum vinculante con todo el reconocimiento de la ley. Por ahora es sólo una encuesta cuya lectura puede tener diferentes ópticas.

Twitter: @LKourchenko