Opinión

Cassez: bofetada de Francia a Corte


 
 
La recepción como heroína a la secuestradora Florence Cassez en Francia evidenció la existencia de una nada fina operación política que involucró a la ministra Olga Sánchez Cordero. Y la audiencia especial del presidente François Hollande a la delincuente fue una bofetada a la Corte Suprema de México.
 
El costo político y diplomático de la decisión de la Corte aún está por determinarse. Si en Francia tomaron el fallo judicial como una muestra de buena voluntad de una ministra con simpatías francesas, en México el repudio mayoritario a los ministros que liberaron a Cassez -Olga Sánchez Cordero, Alfredo Gutiérrez y Arturo Zaldívar- fue mayor al reconocimiento a la pureza franciscana del derecho.
 
La fotografía de Cassez y sus padres en el despacho presidencial del Palacio del Elíseo aplastó la argumentación jurídica de los tres ministros favorables al otorgamiento del amparo liso y llano y dejó en Francia la percepción de que Cassez fue una víctima no de la escenificación del arresto de la banda de Los Zodiaco, en la cual participaba como secuestradora, sino un voto de confianza por su inocencia.
 
En el fondo, la responsabilidad del nuevo perfil de Cassez fue de la ministra Sánchez Cordero, quien en su argumentación se enredó en una dialéctica de barandilla de juzgado municipal: "no me arrepiento de liberar a una víctima; se le hizo justicia a todos, hasta a las víctimas". En este punto, valdría la pena que la Doctrina Sánchez Cordero aclarara cómo beneficia la liberación de Cassez a los secuestrados por Los Zodiaco y a las pruebas presentadas de que Cassez sí formaba parte de la banda y también participaba de las amenazas a los plagiados.
 
La equiparación de víctimas entre una secuestradora a la que violaron el debido proceso con las víctimas que fueron secuestradas, con varios días amarradas y los ojos vendados y a la espera del cobro del rescate, representa todo un desafío conceptual al derecho mexicano, sobre todo cuando la Ley de Víctimas ya promulgada señala con claridad cuál es la condición de una víctima. La diferencia entre el abuso procesal con la agresión física a las personas contiene una diferenciación no sólo de argumentos sino -lo que le faltó a la ministra Sánchez Cordero- de tipo moral.
 
La fotografía de Cassez con sus padres al lado del presidente Hollande y su compañera en el Palacio del Elíseo podría caer en el terreno de la ofensa diplomática y por tanto debería llevar a la profundización del enfriamiento de las relaciones diplomáticas. Francia debió de haberse mantenido al margen de la calificación del caso Cassez pero prefirió darle a la secuestradora el trato de víctima de un sistema judicial de un país bananero. En los hechos, la audiencia de Hollande a una secuestradora revela el carácter del viejo colonialismo francés.
 
De nada sirve el hecho de que el padre de Cassez les haya mentido al presidente Sarkozy y al presidente Hollande con la afirmación de que no conocía a Israel Vallarta, el líder de la banda de secuestradores de Los Zodiaco, si aquí en Indicador Político se publicaron fotos de una reunión social de Cassez, su novio Israel Vallarta y los padres de la francesa, en una sala justamente del rancho usado por la banda de plagiarios para encerrar a sus víctimas.
 
Y tiene mucha validez moral y jurídica la afirmación de la propia Cassez de que ella vivía en ese rancho, donde estaban los Elizalde secuestrados, porque su novio Israel Vallarta le daba 'chance' de dormir ahí, ¿como arrimada o como novia? Y se olvida la parte de la investigación que señala que Cassez aprovechaba su belleza para atraer incautos que luego secuestraba Vallarta.
 
Lo que la Doctrina Sánchez Cordero tiene la obligación jurídica y moral de aclarar es la diferenciación de los conceptos de víctima. ¿Cómo se tasó y se tasará en la Corte el valor de la caracterización entre una víctima que vio violado el debido proceso por un montaje que no eliminó todas las pruebas y que quedaron para el Archivo Tres Patines de la Corte Suprema de México las suficientes para acreditar la responsabilidad de Cassez como secuestradora, y las víctimas que fueron plagiadas, torturadas y privadas de su libertad por esa banda?
 
La otra parte del problema radica en el hecho de que el caso Cassez, como se ha repetido hasta la saciedad y algunos ministros lo han enarbolado como argumento válido, era un asunto procedimental y no de constitucionalidad. Como se ha reafirmado en círculos jurídicos, la Doctrina Sánchez Cordero metió ya a la Corte en casos que debía de resolver el tribunal colegiado. La decisión de la ministra Sánchez Cordero convirtió al tribunal constitucional en un tribunal colegiado espurio.
 
Si cada institución debe ser responsable de las consecuencias de sus decisiones, entonces los ministros Sánchez Cordero, Gutiérrez Ortiz Mena y Zaldívar tendrán que asumir la suya en función de los efectos del caso Cassez en Francia y la fotografía del presidente de la república francesa con la secuestradora en el despacho presidencial. Y no saldría sobrando que la Corte Suprema y la Secretaría mexicana de Relaciones Exteriores emitieran un punto de vista sobre esa fotografía porque representó una bofetada del presidente Hollande y Cassez al tribunal constitucional mexicano, al sistema de justicia y a las relaciones diplomáticas entre las dos naciones.
 
Si no hay un posicionamiento mexicano, entonces ante el mundo México aparecerá como un país bananero con un sistema judicial municipal y no como una nación en transición institucional hacia un sistema más adecuado a la democracia. Pero sobre todo, quedará la impresión de que México benefició a una secuestradora por encima de los secuestrados. Y que Cassez es inocente a pesar de las pruebas contundentes de que pertenecía a la banda de Los Zodiaco y que como secuestradora aparece sonriente y coqueta en el despacho presidencial de la república de Francia.
 
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