Opinión

Caso Charlie Hebdo: Libertad y responsabilidad

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La portada de la revista satírica Charlie Hebdo

Víctor Manuel Pérez Valera.

Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Es conveniente hacer algunas reflexiones sobre la libertad a propósito del caso Charlie Hebdo que ha suscitado algunas polémicas. La libertad podría definirse como la capacidad del ser humano de disponer de sí mismo, es decir, de autodeterminarse. La libertad tiene importantes aplicaciones en la ética y en el derecho, ni la ética ni el derecho tendrían sentido si no hubiera libertad. Ambas disciplinas no se contraponen, sino al contrario, se complementan, ya que el derecho es el mínimo de ética exigible.

Dos fuentes jurídicas del Derecho romano nos han legado dos máximas que ponderan el valor de la libertad. Paulo en el lib. IV de sus comentarios al Edicto escribió: libertas inaestimabilis res est: “la libertad es algo inestimable”, y Ulpiano en su comentario a la ley Julia y Papia (Lib. IV) escribió, resaltando el lado oscuro de la esclavitud, servitutem mortalitati fere comparamus: “casi podemos comparar la esclavitud con la muerte”. Con ambas libertades tiene que enfrentarse el abogado: con la libertad exterior en muchos casos del derecho penal, y con la interior, como una cualidad imprescindible de su quehacer profesional.

Así mismo, dos grandes autores de la antigüedad clásica hicieron una bella ponderación de la libertad. Fedro concluyó una de sus fábulas con este brillante aforismo: non bene pro toto libertas venditur auro: “no puede venderse la libertad ni por todo el oro del mundo”, también Epicteto el gran pensador estoico escribió: “el que tiene el cuerpo libre, pero atada el alma es esclavo… la felicidad no está en donde algunos hombres ciegos la buscan, no está en la fuerza… ni en el poder…está en la libertad verdadera… en el absoluto dominio de sí mismo, en la posesión de la satisfacción y la paz.”

Lo anterior nos conduce a distinguir, como algo muy importante, entre la libertad y el libertinaje. La libertad no puede darse en el vacío (libertad de), sino siempre con una finalidad (libertad para): para liberarse de las esclavitudes, somos libres para ser libres, no libres para ser esclavos, para realizar un servicio y comprometerse con la justicia, para cumplir con el deber. Es una adulteración de la libertad el decir “todo está permitido”. La libertad no se entiende como un simple hecho, sino como tarea y conquista, como un quehacer para que el hombre haga de su vida una obra de arte. Por consiguiente, la libertad está unida a la liberación, no al dejarse llevar por el capricho, la arbitrariedad o el desenfreno.

De lo anterior se deduce que la libertad supone la facultad de discernimiento, de cultivar la sensibilidad ante los valores de las otras personas y de la capacidad de utilizarla con prudencia. De otro modo la libertad se convierte en libertinaje al no actuar con respeto a los derechos de otras personas o instituciones. En pocas palabras, no puede existir libertad sin responsabilidad, y por eso Victor Frankl sugería que, así como se ha levantado una estatua a la libertad, se debe construir una estatua a la responsabilidad.

Aplicando lo anterior al caso Charlie Hebdo, hay que dejar bien claro que nada justifica el asesinato de sus caricaturistas, pero debemos preguntarnos si ellos actuaron con prudencia, con respeto, con responsabilidad, según las normas fundamentales de la ética. La libertad está condicionada por la verdad, “la verdad nos hará libres”, por la obligación moral y por el derecho justo. Un bello texto de Unamuno nos ilustra al respecto: “se dice, y acaso se cree, que la libertad consiste en dejar crecer una planta, en no ponerle rodrigones, ni guías, ni obstáculos, en no podarla, obligándola a que tome está u otra forma; en dejarla que arroje por sí, y sin coacción alguna, sus brotes, sus hojas y sus flores. La libertad no está en el follaje, sino en las raíces…” la verdadera libertad, por consiguiente, no equivale a actuar irresponsablemente a ofender de modo brutal e injusto. Charlie Hebdo en algunas ocasiones, se autodenominó cínicamente “journal irresponsable”. Sabemos que algunas palabras pueden herir más que una puñalada, y si una imagen vale más que mil palabras, una caricatura provocativa o blasfema puede acribillar más que un machetazo.

La libertad, según el lema de la revolución francesa debe coexistir con la fraternidad, con el respeto a los demás. Si la libertad de expresión no tuviera límites, si no estuviera limitada por los valores éticos se podría llegar al absurdo de admitir que los terroristas actuaron también con libertad de expresión.

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