Opinión

Cascos azules mexicanos

Una decisión histórica es la anunciada por el presidente Peña Nieto durante su participación ante la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York. En total ruptura con los viejos esquemas de política exterior que han distinguido a la diplomacia mexicana, que entre otros principios señalan la no participación o involucramiento en asuntos internos de otras naciones, el gobierno de México ha decidido participar con efectivos militares en operaciones internacionales comandadas por la ONU. Es decir, que soldados y/o marinos de nuestro país, se sumen a contingentes de Cascos Azules en labores estrictamente humanitarias: “México ha tomado la decisión de participar en Operaciones de Mantenimiento de la Paz realizando labores de índole humanitaria” fue parte del mensaje del presidente este miércoles en Nueva York.

Se trata de un paso fundamental en la postura, el compromiso y el involucramiento que México puede y debe asumir a nivel internacional.

Ya desde hace una década, con el primer gobierno panista, se hablaba de una mayor presencia y un rol más activo de México en estos escenarios. No se logró entonces por diversas razones, que tuvieron que ver con la torpe y tardía reacción del gobierno de Fox ante los ataques de las Torres Gemelas en Nueva York. Recordemos que Fox llegó tarde a Nueva York (un mes aproximadamente) cuando los más importantes líderes mundiales habían ya presentado sus respetos y condolencias en la Zona Cero ante el propio presidente Bush. Cuando algunas voces dentro del gobierno mexicano urgían a acciones más firmes y determinantes en apoyo de nuestro socio y vecino, las críticas internas y el debate en torno a la eterna “sumisión” ante Washington, provocó una contracción de cualquier iniciativa o presencia solidaria.

Ahora, casi 13 años después, el liderazgo mexicano podrá tener una auténtica expresión concreta y práctica al participar en operaciones internacionales.

Somos el único país en América Latina junto a Venezuela –que no cuenta por su régimen y herencia chavista– que se ha abstenido sistemáticamente de enviar efectivos a las operaciones de paz de la ONU. Chile, Argentina y Brasil han participado activamente en despliegues humanitarios y pacifistas en Haití, en Timor, en Sahara Occidental y en Medio Oriente.

La única excepción mexicana data de 2004, cuando el presidente Fox envió una misión humanitaria al sudeste asiático en apoyo a los miles de afectados por el tsunami. Otra delegación, esta más bien de apoyo y capacitación electoral que incluyó a especialistas del entonces IFE y a académicos especializados, formó parte de otro contingente bajo el paraguas de la ONU que asistió al proceso de pacificación y transición electoral en Haití entre 2004 y 2005.

México tiene una considerable riqueza diplomática; acumula experiencia, conocimiento, prestigio, calidad de nuestros representantes. La participación en la firma de Acuerdos de Paz para el Salvador en 1990 (Castillo de Chapultepec) o la destacada gestión ciertamente pacificadora del Grupo Contadora en los 80 para Centroamérica, marcaron cambios significativos en la convulsionada zona de aquellos años.

Ante un escenario de mayor dinamismo económico, de apertura en el sector energético, de creciente competencia en telecomunicaciones y otros sectores, resulta vital el ejercicio de un liderazgo internacional mexicano.

La actual Cancillería ha probado en los hechos, oficio y talento para reconstruir una deteriorada imagen de México en el exterior. Este paso, fortalece y vigoriza esa estrategia.

Twitter: @LKourchenko