Opinión

Casas de bolsa: un caso para la Cofece

Si uno revisa la prensa de negocios, y específicamente las notas que tienen que ver con el sector financiero, es de notarse un problema crónico: prácticamente no hay información de casas de bolsa. Lo más común es encontrar información de bancos, afores, aseguradoras… Más recientemente encontramos información de sofoles, sofomes, y sofipos.

Las cajas de ahorro y las sociedades populares de ahorro y préstamo están abriéndose brecha también en la escena pública. Los productos financieros suelen ser la “puerta” por la que el consumidor encuentra información. En la banca es común leer sobre créditos hipotecarios, empresariales, personales, o de tarjeta. Asimismo, la información de las microfinancieras fluye con regularidad.

Pero el gran ausente del sector financiero son las casas de bolsa, esas entidades que permiten a los individuos abrir una cuenta y comprar acciones individuales de Cemex, OHL, Televisa o Femsa. La presencia mediática de las casas de bolsa suele limitarse a las opiniones que tienen sobre las emisoras o sobre algún indicador.

La razón por la cual las casas de bolsa (Accival, GBM, Intercam, Kuspit, Deutsche Securities, UBS, Actinver, Monex, Masari, Vector, etc…) no aparecen en el escenario público es porque la mayoría de los modelos de negocio con los que operan incluyen productos que sirven a una pequeñísima proporción de la población, con la que tienen contacto directo. Para abrir una cuenta se requiere mucho dinero.

En Estados Unidos abrir una cuenta es para cualquiera, no sólo para quienes tienen un millón de dólares. Algunas casas de corretaje bursátil permiten abrir una cuenta con cero dólares. De tal suerte, una persona puede comprar una acción de Facebook, si quiere. O dos. La cantidad no importa.

En México la falta de competencia entre las casas de bolsa podría hacer pensar en una especie de cártel. Es cierto que existen los fondos de inversión y las operaciones vía internet; pero seamos sinceros: si alguien desea comprar un título de Bimbo, uno sólo, es prácticamente imposible.

Esta realidad debería poner a pensar a la autoridad bursátil, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, acerca de si valdría la pena una nueva reforma del sector, a fin de obligar a las casas de bolsa a ofrecer productos asequibles para un público amplio. Así, el mercado de capitales podría profundizarse. Si un mexicano pudiese abrir una cuenta con, por ejemplo, tres mil pesos, le sería factible adquirir algunas acciones individuales de empresas que le apetezcan y desarrollar una cultura financiera más sofisticada.

Asimismo, Jana Palacios tiene que echar un ojo en este sector. ¿O vamos a llegar al desarrollo en 20 años sólo con fondos de inversión y afores?