Opinión

Carstens 'reloaded'

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Carstens

Ratificado el jueves, decisión monetaria el lunes. No hay duda de que Agustín Carstens arranca reloaded, así y su nuevo sexenio como gobernador del Banco de México inicie formalmente hasta 2016. Con la resolución de la Reserva Federal anunciada ayer, prácticamente es un hecho que la tasa de interés objetivo del Banxico seguirá sin moverse, un elemento adicional de oxígeno para la anímica economía nacional.

Pero además la paridad peso-dólar ya se estabilizó después de una continua depreciación que parecía imparable. Ayer el billete verde cerró en 16.4885 pesos, una ganancia formidable de 25 centavos con respecto al martes, empujado por la decisión liderada por Janet Yellen.

El argumento de que un alza en la tasa de interés por parte del Banxico era imperativa para evitar mayores caídas del peso se desvaneció. La inflación ha presentado una significativa tendencia a la baja empujada por ciertos precios clave, pero al tiempo eliminando la impresión de que la fortísima depreciación iba a traer un chipotazo inflacionario.

La decisión de política monetaria es relevante, sin duda, pero más la de seguir interviniendo de manera masiva, o no, en los mercados cambiarios. En menos de dos semanas vence el plazo de subastar 200 millones de dólares diarios. La apreciación puede aprovecharse para reducir ese monto o incluso suspender las subastas. No es evidente que hayan ayudado a frenar la depreciación en los momentos de mayor histeria en los mercados, quizá deban usarse menos divisas de la reserva en un entorno de clara apreciación.

El gobernador Carstens debe ahora utilizar su renovado mandato para imponer claridad de propósito y transparencia a la Comisión de Cambios. ¿Cuál es el intervalo de monto de reservas que el Banxico considera adecuado? Si siguen las ventas masivas de dólares, ¿el propósito central es proveer liquidez a un mercado que obviamente ya no lo requiere, o más bien seguir acumulando un masivo “guardadito” que, en la forma de remanente de operación, será entregado en el segundo trimestre de 2016 al gobierno federal? La segunda medida es perfectamente legítima, pero la falta de transparencia al respecto es una mancha para el desempeño de un Banco Central que presume de tener esa cualidad.

Finalmente, Carstens y su Junta de Gobierno deben luchar para ser sólo ellos los responsables de la política cambiaria, sin el dominio de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en la Comisión de Cambios. Enrique Peña Nieto mostró una excepcional sensatez al ratificar a Carstens, pero el voto del PRD en contra mostró una vez más que la cordura y la madurez en materia financiera son escasas en la llamada izquierda. Peor, un Andrés Manuel López Obrador en la presidencia podría imponer sobre el Banxico decisiones en materia de política cambiaria dignas de su analfabetismo económico. Y sucede que si el gobernador no obedece esas directrices, es sujeto de destitución (artículo 43 de la Ley del Banco de México).

Como todo actor principal que arranca la secuela de una película que resultó extremadamente taquillera, Carstens enfrenta un reto enorme. Si lo hace bien, en seis años podrá aspirar con fuerza a suceder a Christine Lagarde al frente del FMI, quien por ese entonces estará terminando un hipotético segundo mandato de cinco años. Y no hay duda que Carstens sabe contar.

Twitter: @econokafka

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