Pedir Consejo, tener Consejo ¿para qué?
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Pedir Consejo, tener Consejo ¿para qué?

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Pedir Consejo, tener Consejo ¿para qué?

07/09/2018

Una aclaración pertinente. La palabra consejo es polívoca, es decir, tiene más de un significado. En el Diccionario de la Academia Española (creo que ya no es “Real”) hay dos importantes: parecer o dictamen que se da o toma para hacer o no hacer algo, y Órgano de Administración de las sociedades mercantiles.

La primera, es lo que todos entendemos por dar un buen consejo (un parecer o dictamen), podemos darlo o recibirlo, para hacer o no hacer y, finalmente, podemos hacer caso del consejo o no. Sin duda una definición clara.

La otra (Órgano de Administración de las sociedades mercantiles) se refiere a un grupo de personas que toman decisiones colegiadas (entre todos).

La aclaración es pertinente, pues usamos con frecuencia la palabra consejo y a veces confundimos estos significados. El asunto se complica pues “el Consejo da consejos”.

¿Tiene sentido tener Consejo? Definitivamente. Siempre y cuando se trate de un Consejo de verdad, y no de esos que se convocan simplemente para cumplir con un requisito legal y que acaban con una divertida reunión donde los integrantes se la pasan muy bien y tratan todo tipo de temas menos los propios de un consejo. Todo, después de haber firmado un acta para que quede constancia de que la sesión ocurrió.

Está demostrado que la calidad de las decisiones aumenta cuando se toman en conjunto, incluso, recordemos el refrán: “Dos cabezas piensan más que una”. Esta es la principal razón para tener un Consejo: mejorar la calidad de las decisiones importantes, asegurando que la empresa funcione eficazmente y obtenga resultados satisfactorios.

Tipos de consejos. En primer lugar, están los consejos formales que son propios de grandes empresas —aquellas que están en bolsa y, por ende, tienen como obligación tener esta figura—. También existen los que forman parte de empresas que, sin ser públicas, deciden tener un Consejo formal al cual reporta la dirección general.

Además, hay consejos “consultivos” (en inglés advisory councils) que simplemente apoyan a la Dirección General en la toma de decisiones brindándole consejo. En estos, el director no reporta formalmente,y él decide si sigue o no sus recomendaciones. Este tipo funciona cuando las empresas son pequeñas o quieren “probar” el tener un Consejo.

¿Para que sirve un Consejo? Mi colega Juan Grau resume en tres las funciones de un buen Consejo. Las tres comienzan con la letra C: Consejo, Control y Contacto.

Consejo. Sin duda la función más importante ES aconsejar, dar consejo al director general para que tome mejores decisiones, sea más eficaz y exitoso, y lleve a cabo mejor su labor. Juan Grau afirma, apoyado en su vasta experiencia como director y consejero, que: “Los buenos consejos saben balancear las tendencias aparentemente contradictorias e inherentes a su misión:

•Gobernar, pero sin caer en el Micro-management

•Ser exigentes, pero saber apoyar

•Ser pacientes, sin ser conformistas”.

Control. Esta función es muy importante en los consejos formales porque éste pide cuentas al director general sobre la actuación y resultados de la empresa. Los estadounidenses lo denominan accountability que, sin tener una traducción exacta, implica el hecho o la condición de ser responsable y tener capacidad de respuesta sobre las acciones. Los consejos formales son el “superior” jerárquico y, por ello, la dirección general le rinde cuentas.

Contacto. También acudimos a los consejeros para que nos den acceso a sus contactos, a su “network”. En las empresas resulta muy importante poseer los contactos adecuados para poder estar presentes en determinados foros, asociaciones y grupos, o para tener “derecho de picaporte” con determinadas personas. Poseer el contacto adecuado sirve para lograr este objetivo.

Conclusión. Otra acepción de la palabra Consejo en el diccionario de la Academia Española señala: “Órgano superior de gobierno que asistía al rey en la administración del reino”, es decir, los reyes medievales que poseían un poder absoluto se daban cuenta de que para gobernar mejor ayudaba tener un Consejo y, por eso, se apoyaban en él; una demostración de que tener un consejo mejora la calidad de las decisiones.

El autor es profesor del Área de Política de Empresa (Estrategia y Dirección) en el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE) y director de Programas In-company en la misma institución.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.