Derrota: discuten castigo, no reformas
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Derrota: discuten castigo, no reformas

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Derrota: discuten castigo, no reformas

30/08/2013

 
 
CNTE usa la dictadura de las minorías
 
 
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Acostumbrados a establecer sus propias leyes de la selva en las calles, los maestros de la CNTE-Oaxaca-Guerrero-Michoacán no sólo han pervertido la calle como conquista social desde 1968 sino que están creando un sentimiento social de criminalización de la protesta pública por abusiva.
 
 
A siete días de iniciadas las protestas, la CNTE ya perdió la batalla política: hoy el debate social, político y ciudadano en el DF gira en torno al abuso de las marchas, la agresión a la vialidad, los daños a terceros y la urgencia de usar la policía para defender a los ciudadanos; la reforma educativa pasó a tercer término; y en el interior del país, el conflicto educativo es inexistente.
 
 
El sentimiento de repudio de la población que usa la ciudad para trabajar y que tiene que aumentar su vida-transporte por los bloqueos ha llevado a una conclusión: la necesidad del uso de la fuerza no para reprimir a los manifestantes sino para impedirles el cierre total de calles, avenidas y carreteras y más daños a los ciudadanos.
 
 
El DF se encamina a una solución como la de Oaxaca 2006: la intolerancia magisterial llevó al gobierno federal a negociar acuerdos pero al final envío a la Policía Federal a recuperar el espacio público y soberano del Estado.
 
 
La crisis vial en el DF ha puesto ya en la agenda la petición social a la autoridad para aplicar las leyes porque los abusos de la CNTE han afectado a terceros.
 
La autoridad cuenta con los instrumentos legales y sociales para impedir que la protesta magisterial cierre las calles como elemento de presión.
 
A diferencia de Atenco, hoy la sociedad pide frenar los abusos de los maestros de la CNTE y exige que se aplique la ley con la fuerza, como lo dejó entrever la declaración de la Comisión de Derechos Humanos el DF.
 
 
Y el propio PRD ha creado instrumentos legales para ello: la utilización de la policía contra manifestaciones violentas fue promovida en 2008 por el expriísta-exsalinista-neoperredista Marcelo Ebrard al aprobar la ley que regula el uso de la fuerza de los cuerpos de seguridad pública del DF.
 
El artículo 8 de esa ley establece las razones sociales y no políticas por la cuales la policía puede usar la fuerza contra manifestantes: “cuando estén en riesgo los derechos y garantías de personas e instituciones, la paz pública y la seguridad ciudadana”.
 
 
El artículo 9 autoriza el uso de la fuerza para “proteger o defender bienes jurídicos tutelados”. Y el 25 permite el uso de la fuerza cuando una manifestación se torne violenta; y define: “se considera que una manifestación es violenta cuando (…) en la petición o protesta que se realiza ante la autoridad, se hace uso de amenazas para intimidar u obligar a resolver en el sentido que deseen, se provoca la comisión de un delito o se perturba la paz pública y la seguridad ciudadana”.
 
 
A lo largo de estos días, la CNTE ha privatizado para sí el espacio público en franco reto provocador a la autoridad.
 
 
La forma autoritaria de la CNTE vía el estrangulamiento vial del DF para exigir que el gobierno y el Congreso deroguen leyes e impongan las de los maestros disidentes es una forma de dictadura de las minorías. Paradójico: los maestros disidentes acusan de autoritarismo al gobierno por aprobar leyes y ahora quieren que con ese mismo método las deroguen.
 
 
La CNTE ha decidido ilegalmente y violando su contrato de trabajo suspender las actividades educativas en las escuelas y ocupar el centro histórico y las calles del DF para obligar a las autoridades a violentar procesos legislativos.
 
 
Pero el todo o nada de la CNTE siempre ha terminado en nada: como en Oaxaca 2006, en lugar de negociar la agenda educativa, pronto negociarán la liberación de maestros que serán detenidos por violencia política.
 
 
 

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.