China: la gran oportunidad
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China: la gran oportunidad

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China: la gran oportunidad

02/10/2018
Actualización 02/10/2018 - 13:37

A China se le ha visto por mucho tiempo como un rival de nuestro país en temas comerciales dado que ha sido la competencia para atraer manufactura por bajos costos. Recordemos que éramos los grandes damnificados de su entrada a la Organización Mundial de Comercio no hace mucho. Sin embargo, en las últimas fechas, hemos visto un cambio en las circunstancias que dan vida a esta rivalidad, y por el contrario, desde mi punto de vista, encontramos hoy un entorno de posible convergencia de intereses entre los dos países que bien pueden beneficiar a empresas y consumidores de los dos países.

China está desarrollando una de las estrategias más agresivas de la historia en materia de inversión extranjera e influencia política exterior con eficacia a través de varios proyectos. En un programa llamado la “Nueva ruta de la seda” o la “Iniciativa de la franja y de la ruta” (Belt and Road Initiative) el presidente Xi Jinping ha lanzado una táctica no sólo económica, sino política para ampliar su influencia mundial. El objetivo formal de ese esfuerzo chino es fomentar el comercio y la inversión en más de 60 países que abarcan a la mitad de la población mundial mediante la facilitación del comercio entre China, el Sudeste Asiático y Europa. El elemento central del proyecto es la construcción de infraestructura en esta ruta, generando mayor inversión en transporte, así como en telecomunicaciones y energía. Si bien la iniciativa no contemplaba a América Latina originalmente, el destape de la inversión de ese país en la región en los últimos años hace ver que directa o indirectamente, los puentes que quiere tender China llegan hasta este lado del mundo y que en la implementación de la iniciativa no hay patrón geográfico.

Este objetivo de influencia en la región se ha incrementado por el factor Trump y la guerra comercial con Estados Unidos. Más recientemente, China ha implementado una estrategia llamada “Hecho en China 2025” que pretende financiar la modernización de la manufactura y convertirla en manufactura de alta tecnología pero justamente estas industrias son las que han sido objeto de tarifas por parte de los Estados Unidos en los últimos meses, como una afrenta directa a estos proyectos. Lo anterior ha obligado tanto a las empresas estadounidenses como a las chinas a ver otros mercados y tratar de influir más en otros países.

Un reporte reciente del banco BBVA de España, establece que en los últimos cinco años las inversiones del país asiático en América Latina han sumado más de diez mil millones de dólares. La inversión ha ido evolucionando del sector minero, metalúrgico y petrolífero para ampliarse al sector bancario, automotor y las energías renovables. América Latina también ha sido un importantísimo beneficiario de créditos.

Ya sabemos que al inicio del sexenio que está por terminar existía una clara intención de atraer parte de estos dineros con el tren México-Querétaro, pero acabó en un gran fiasco y dañó la relación entre los dos países. Aún así, hemos observado importantes flujos de capital chino a México, aunque sean de bajo perfil. Ahora las circunstancias, en especial con un próximo nuevo gobierno en México, han cambiado de manera importante. China claramente pretende incrementar su presencia para afianzarse como potencia mundial, como inversionista, y el segundo socio comercial de América Latina y el Caribe (después de Estados Unidos).

Obviamente, desde el punto de vista político, para China no habría mejor movimiento que posicionarse de manera contundente con el vecino de los Estados Unidos, lo que generaría cambios en la distribución de poder en el mundo como lo establece un reciente trabajo publicado por COMEXI y la UNAM. La rápida visita del embajador chino al presidente electo parecería mostrar este renovado interés.

No hay duda de que las empresas chinas seguirán invirtiendo y prestando en el extranjero. Funcionarios chinos han dicho que para los siguientes cinco años la inversión del gobierno y las empresas chinas en el extranjero rondará los setecientos mil millones de dólares, algunos especulan que sería mucho más que eso. La oportunidad para México y las empresas mexicanas está en capturar parte de esa inversión en proyectos que además podrían abrir las puertas al mercado chino de mil cuatrocientos millones de consumidores.

Las coyunturas políticas tienen la gracia de convertir a los enemigos en buenos amigos. Ya veremos si se pueden aprovechar los cambios de viento a favor

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.